Disminuir barreras de La Quiaca a Timbuktú

Hace unos años, cuando trabajaba en un centro de día con adultos con discapacidad intelectual, fuimos a un reconosidísimo bioparque. Lo organizamos por meses, entre coincidir la fecha  con el lugar, las familias, los profesionales. Si no trabajás en el área, te cuento que organizar una salida por fuera del ámbito institucional, es un trabajo súper arduo. Es una situación nueva, en un entorno lleno de estímulos,  con toda la emoción que lo diferente conlleva. En fin, el punto, es que entramos a anunciarnos, y un guardia de seguridad nos pide amablemente que esperáramos afuera con los jóvenes con discapacidad, mientras una de las profesionales organizaba el ingreso.

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De San Marino, con amor: ¿Rampas, ascensores, where are you?

No sé para ustedes, pero para mí no hay tono de amabilidad que valga, cuando de negar derechos se trata. Ni hablar para mi lado sagitariano justiciero que lleva la convención de los derechos de las personas con discapacidad, bajo el brazo. Y aunque te imaginarás que no esperamos afuera, lo preocupante son las actitudes que funcionan como barreras para la plena participación.

Cuando pensamos en barreras, lo primero que se nos viene a la mente es todo en relación a lo arquitectónico: las rampas muy empinadas, las escaleras, las barandas, los elevadores que no funcionan, las calles empedradas o rotas; elementos que están y funcionan como barrera física para que una persona con alguna limitación pueda acceder.

Si ampliamos un poco más, pensamos en las personas con ceguera o disminución visual…el braille, los dispositivos con salida de voz. Luego en las personas con sordera…la lengua de señas, el contenido visual que se pueda leer.

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“Todos somos genios, pero si juzgas a un pez por su habilidad de trepar árboles, vivirá toda la vida pensando que es un inútil” Albert Einstein. Street art en Münster, Alemania

Pero ¿sabés cuál es la mayor barrera?

No son ni los escalones, ni la falta de sistemas de comunicación adecuados. De hecho, la comparten las personas en una silla de ruedas, con un bastón blanco o un perro de asistencia, personas con síndrome de down, personas con estereotipias, etcétera,  etcétera. La mayor barrera para que las personas con discapacidad puedan acceder a todo lo que les corresponde por ley, son las actitudes de otras personas.

Me encantaría que una persona ciega pueda ir un local de comida rápida y tenga un menú en braille. Pero si no lo tiene, y la cajera le cuenta una por una las opciones disponibles, esa persona con discapacidad está accediendo a esa actividad, aunque el entorno físico no esté preparado. Ni hablar que sería increíble que todos los buses estén preparados para subir y bajar fácilmente con la silla de ruedas. Pero si no están, y al menos, el conductor se baje para ayudar a esa persona a que pueda hacer uso del servicio de transporte, ya estamos fomentando que esa persona participe de la actividad.

«La mayor barrera para que las personas con discapacidad puedan acceder a todo lo que les corresponde por ley, son las actitudes de otras personas»

Te digo más. ¿Sabés qué define la discapacidad de una persona?

Según la Convención de los derechos de las personas con discapacidad de la ONU, “las personas con discapacidad incluyen a aquellas que tengan deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a largo plazo que, al interactuar con diversas barreras, puedan impedir su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás.”

En síntesis, la discapacidad la pone el entorno,es decir todo lo que rodea a la persona. Que como decíamos más arriba, va más allá de contexto físico. Va más allá de los escalones que hay, y la rampa que no está. Son las actitudes segregadoras con las que se trata a las personas discapacidad: la puerta del costado, la mirada juzgadora hacia la madre que no puede calmar el brote de su hijo, las risas hacia la persona que habla sola por la calle. 

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Memorias de Suecia: Si el único lugar que te dan es aislado de todo, hay algo que no está bien

Aunque te parezca que cada uno está en su mundo, estamos todos en el mismo. Y se nota. Se notan los gestos discriminatorios, los que hacen sentir al otro diferente. Y te puedo asegurar que muchas personas con discapacidad y familias, se privan de más cosas por las actitudes que por las escaleras.

¿Cuántas más personas con discapacidad podrían acceder a participar de actividades turísticas, si cambiamos nosotros nuestra mirada, y disminuimos las barreras actitudinales?

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