Turismo e inclusión: ¿Viajar es para todos?

Últimamente se puso bastante de moda la palabra inclusión. Los medios de comunicación debatiendo acerca del “lenguaje inclusivo” provocaron una catarata de opiniones, tanto a favor como en contra de la temática. Sin embargo, la inclusión va muchísimo más allá de lenguaje no sexista. 

«la inclusión va muchísimo más allá de lenguaje no sexista.«

Según el economista y premio Nobel Amartya Sen,  «La inclusión se caracteriza por una experiencia social ampliamente compartida y la participación activa de una sociedad, por la igualdad generalizada de las posibilidades y las oportunidades de la vida que se ofrecen a los individuos en el plano individual, y por el logro de un nivel de bienestar elemental para todos los ciudadanos”. Y si la inclusión la pensamos en relación a viajar… ¿todos podemos acceder?

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¿Quién no se muere de ganas de conocer Cinque Terre? Monterroso al mare, uno de estos cinco pueblos italianos

Hay muchas cosas que damos por sentadas y que ni pensamos en ellas, hasta el momento que no las podemos hacer.  Ese yeso que hizo darte cuenta que necesitás las dos manos para subirte la ropa interior, la panza de 37 semanas  que te complica agarrar lo que está en el suelo, pasear con tu abuela mientras descubrís que hay escalones en los lugares menos pensados. Todas situaciones transitorias. Pero, ¿qué pasaría si no lo fueran? ¿Qué pasaría si estas situaciones se presentaran todos los días de tu vida?  Frustrante, lo sé. 

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Riomaggiore, ¿Cómo hago para llegar a las casitas de arriba con mis bastones canadienses?

Como buen nieto de italianos, imaginate que querés ir a recorrer los hermosos pueblitos de Cinque Terre. Tu sueño es ir a Corniglia, pero se te complica con la silla de ruedas subir más de 300 escalones. Querés almorzar en Vernazza a la orilla del mar, pero la baja visión te complica leer el menú. Ni hablar de pedir un helado en Riomaggiore con lengua de señas…que por cierto, no son universales. 

En un mundo que aún está lejos del diseño universal, parecería que los sueños viajeros se pueden cumplir sólo si te podés adaptar a las características del lugar. Si la limitación funcional que tenés te deja participar de actividades turísticas, genial…sino, estás afuera. Y es acá, en donde los que trabajamos en discapacidad nos enojamos, y sacamos de abajo del brazo la Convención de los derechos de las personas con discapacidad. Pero no alcanza. Necesitamos más que una convención internacional, y leyes que le den jerarquía institucional. Necesitamos el esfuerzo de todos, para visibilizar, denunciar, y generar cambios que promuevan la participación plena de todas las personas en la sociedad. 

«Y si la inclusión la pensamos en relación a viajar«

No vamos a sacar las escaleras de Corniglia, pero al menos vamos a tener un bus que nos suba. No vamos a poder incrementar el límite de visión, pero al menos podemos tener un menú con colores haciendo contraste, o  un menú en braile. No voy a poder preguntar qué es el helado de stracciatella, pero al menos voy a poder leer los ingredientes. Son esos pequeños cambios que ayudan a que muchos más podamos acceder. Y no necesitamos viajar al otro lado del océano para promover la inclusión

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Si fuera ciega y estuviera con mi bastón blanco, ¿con cuántas cosas me chocaría en las calles de Vernazza?

Entonces, ¿viajar es para todos? Definitivamente sí, es para todos los que lo consideren como una actividad significativa. Definitivamente no, hay infinidad de lugares que no están pensados para la diversidad. Definitivamente sí, podemos cambiar esa realidad.

Empezá hoy. En donde vivís, seguro hay varias cosas que se pueden hacer para facilitar la participación de los viajeros con discapacidad. 

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La pesadilla de subir y bajar, por las calles de Manarola. ¿Sería un sueño con tan sólo poner una baranda?

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