Mi experiencia en el Ártico

Mi experiencia en el Ártico

Por Alba y Lucas de «che a viajar» para Revista latitud

Desde siempre me han gustado los lugares alejados, extremos, poco visitados, con naturaleza prístina y bella, y creo que una de las razones de esto es porque vivo en Ushuaia ya que, a mi parecer, cumple con todo lo que mencioné. 

Por años tuve el sueño de visitar un lugar distinto a mi ciudad que cumpla con todo lo que dije anteriormente, y así fue que comenzó mi búsqueda.

La Antártida es uno de mis sueños que sin dudas algún día concretaré, pero que por el momento, por una razón de presupuesto, la dejo para un futuro espero que no muy lejano. Durante 2018, mientras buscaba qué hacer para mis vacaciones, comencé a investigar sobre posibles destinos, y Noruega comenzó a sobresalir entre las opciones por varias razones: su naturaleza, fauna, lugares para realizar senderismo, sus increíbles ciudades, un sitio no tan masificado debido al costo de viajar al país (lo cual era una desventaja), sus fiordos, cultura vikinga, latitud a la que podía llegar, entre muchísimas razones más.

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Armando el viaje

Cuando tomé la decisión aventurarme a este país, comencé a buscar qué sitios visitar, ya que contaba tan sólo con un mes, y la lista se volvió interminable. Pero había uno, entre todos los que conformaban esta “lista”, que comenzó a resonar muchísimo en mi cabeza. Este lugar estaba a 78º de latitud norte, y se llama Longyearbyen. 

Longyearbyen es un asentamiento noruego, ubicado en el archipiélago de Svalbard y Jan Mayen, el cual cuenta con 3 islas principales: Spitsbergen, Nordaustlandet y Edgeøya. De las 3, la única habitada es Spitsbergen y en este asentamiento es donde vive el gobernador de las islas. Este pueblo es hoy en día el poblado más septentrional de la tierra, sus coordenadas exactas son 78°13′00″N 15°38′00″, y está a sólo 1.300 kilómetros del polo norte! Y allí es donde quería llegar…

Fueron varios meses de planeamiento de mi viaje a Noruega, ya que tenía que aprovechar el tiempo al máximo e intentar gastar lo menos posible ya que el presupuesto no era demasiado alto, por eso es que la carpa no podía faltar. Acampar en los maravillosos sitios naturales que tiene el país es, sin dudas, mejor que alojarse en cualquier hotel 5 estrellas.

Con mi itinerario de viaje ya planeado, comencé a evaluar opciones y elegí dejar al Ártico para el final, como la cereza del postre de lo que sería un viaje inolvidable. Y así fueron pasando los meses hasta que llegó el momento de partir.

Ártico

Noruega

Una vez en Noruega, todo iba siendo fabuloso. Había visto lugares magníficos, que se grabaron en mi memoria para siempre, y también había pasado por varias ciudades como Oslo, Stavanger, Bergen, las Islas Lofoten, y había llegado a Tromsø, desde donde comenzaría mi viaje tan anhelado hacia un poblado en una isla en el medio del Océano Glacial Ártico.

Desde el comienzo, el viaje en avión ya fue fantástico. Fui todo el tiempo observando por la ventanilla los paisajes desde el cielo, lo que me hacía acordar muchísimo a Ushuaia por la gran cantidad de montañas, aunque aquí se agregaban grandes campos de hielo que se extendían hacia el horizonte. 

Cuando aterrizamos en suelo noruego nuevamente, cruzamos la calle con Franco, mi compañero de viaje y nos dirigimos hacia el «Camping Longyearbyen”. En este lugar pasamos los 5 días acampando y compartiendo momentos con algunos viajeros, con los cuales continuamos manteniendo relación.

Ártico

Algo que me tocó experimentar fue estar más de 120 horas sin oscuridad! Debido a la latitud a la que estaba (casi 79º), el sol no se puso nunca (durante 4 meses los locales no dejan de ver el sol, mientras que en el invierno pasa exactamente lo opuesto). La primera noche pude dormir bien a pesar de la luz constante, quizás por todo el cansancio acumulado del viaje, por suerte ya que al otro día teníamos tour a las 8 AM. Aproximadamente a las 4 AM me desperté, muy exaltado ya que, con tanta luz que había parecía que eran las 10 AM y pensé que había perdido la excursión, hasta que vi el reloj y recordé el pequeño detalle de que siempre el cielo estaría claro…

Descubriendo Longyearbyen, en el mar Ártico

En esos días pude realizar varias excursiones, algunas de ellas embarcado (creo que en mis viajes es algo que no puede faltar), y en ellos tuve la posibilidad de ver una gran diversidad de fauna y de cumplir un sueño. Pude ver ballenas minke, belugas, focas oceladas, morsas, renos, muchísimas especies de aves incluida el frailecillo (una de las que más deseaba observar), y como no podía faltar, aunque vale aclarar que tuvimos muchísima suerte ya que no es algo que suceda tan a menudo, fue ver el oso polar.

Observamos una hembra con su cría, que si bien no tengo ninguna buena foto ya que estaban bastante lejos y no contaba con un lente con tanto zoom, ver este animal en su hábitat natural fue una sensación indescriptible e inexplicable, y este fue el sueño cumplido. 

noruega

«La vista que había desde el pueblo al glaciar era magnífica»

Además de la fauna que mencioné, vi una gran cantidad de montañas y glaciares (caminé sobre uno), y algo que me llamó muchísimo la atención fue un antiguo asentamiento ruso abandonado que visitamos en uno de los tours llamado Pyramiden. Este sitio está ubicado en un lugar fantástico, y justo detrás del asentamiento hay un glaciar enorme. La vista que había desde el pueblo al glaciar era magnífica.

También visité cada rincón pueblo, museos súper interesantes, minas de carbón abandonadas, y hasta acepte 2 veces el desafío del camping donde nos quedamos, que consistía en quitarse toda la ropa y hacer un baño en aguas árticas heladas.

Luego de haber pasado mil experiencias y experimentado mil sensaciones, tocó volver a cruzar la calle para tomar el avión que me devolvería al mundo real, ya que al día de hoy, siento que lo vivido fue parte de un cuento que espero volver a vivir algún día.

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