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Vinicunca, El APU de colores

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Vinicunca

Vinicunca, El APU de colores

Por Mauricio Alexander López Portocarrero especial para Revista Latitud

Cuando uno comenta de la infinidad de montañas que tiene el Perú, no puede dejar de mencionar la montaña de siete colores, cuyo nombre verdadero es Vinicunca, o Apu Vinicunca. Los apus son montañas teñidas por vivientes desde épocas preincaicas en varios pueblos de los Andes a los cuales se les atribuye influencia directa sobre los ciclos vitales de la región que dominan. 

En enero del 2021, aprovechando mi viaje a la ciudad del Cusco decidí aventurarme a conocer esta montaña, de la que tanto había escuchado hablar. Además la había visto ya en postales de viajes a Perú.

Para llegar a esta montaña, una minivan me recogió a las 4:30 de la mañana de la ciudad del Cusco. Después de hacer una parada en la misma ciudad para tomar desayuno partimos hacia destino. Durante el viaje un especialista en trekking y senderismo de montaña comenzó a darnos explicaciones del nivel de dificultad que se nos presentaría. Nos contó también que por la altura y el cambio climatológico que podría darse, esto podía hacerse aún más difícil. Cabe aclarar que esto fue durante el verano, meses en los que las precipitaciones abundan en la región.

Vinicunca

Alrededor de las 5:30 de la mañana partimos para la provincia de Canchis en la Región del Cusco, exactamente en el distrito de Pitumarca. De camino pasamos por innumerables paisajes que hicieron de Perú una experiencia inolvidable. 

Llegando ya a Pitumarca pude observar a lo lejos esta increíble maravilla de la naturaleza nos daba la bienvenida y nos adelantaba lo hermoso que iba ser esta aventura.

Llegamos aproximadamente a las 9:30 de la mañana , para continuar el camino a pie. Había allí unos caballos que utilizaban para aquellas personas que no podían con la caminata. En mi caso, no fue necesario, ya que no me gusta desperdiciar la oportunidad de un buen trekking cuando se presenta. Así fue que alrededor de las 11:00 de la mañana ya estaba a unos metros de la cima del mirador, donde se podía apreciar al Apu Vinicunca. 

Sabía que faltaba poco para llegar a la cima,  pero a la vez y comenzaba a sentir la presión de los 5.300 msnm. Continué caminando y finalmente pude llegar a la cima. La sorpresa al llegar fue que hubo una densa neblina, situación que no nos favoreció para poder apreciar los colores de estas montañas en su máximo esplendor.

Algo que siempre escuche de otros viajeros es que , si no es la lluvia es la nieve, por eso hay que saber escoger los meses adecuados para poder conocer este lugar. 

Vinicunca

Mientras estaba ahí veía que muchas personas regresaban a las minivan sin poder apreciar lo que había al frente, yo fui paciente y comencé a sentir ráfagas de viento cada vez más intensas, algo me decía que la neblina estaba por irse. Fue así al final que el tiempo me recompensó mi espera dejándome ver por fin ver al Vinicunca, con sus hermosos colores y todo. La espera valió la pena, y todas las personas que tuvieron paciencia como yo pudieron apreciar esta maravilla del Cusco.

Satisfecho por demás comencé el descenso. La vuelta fue por una ruta un poco más accesible y algo más rápida. Mientras bajaba me encontré varias “apachetas”, que son montículos de tierra en agradecimiento a la Madre Tierra o Pachamama. En cada viaje donde haga un esfuerzo físico construyo mi pequeña  apacheta en agradecimiento a la tierra, por llegar sin ningún percance a conocer las maravillas que nos ofrece. Camino a la minivan comenzó a granizar y llover, increíble la suerte que tuve. 

Cada vez me acercaba más al punto de partido y a lo lejos quedaba para el deleite de otros viajeros el “Apu Vinucunca o Montaña de Siete Colores.

Revista- Edición Abril 2021

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Somos Latitud

La revista Latitud es un proyecto que nace en Buenos Aires, Argentina, de la mano de Enzo, de Respira Argentina y Fede, Trotador de Mundos, quien escribe.
Comenzamos algunos meses atrás con una idea concreta pero poco clara sobre una comunidad de viajeros.
Con el uso y el paso de los meses fue convirtiéndose en lo que es hoy en día, un canal abierto para que los viajeros experimentados compartan su historia con quienes están comenzando a armar la suya.

Si bien los que hacemos el formato, recopilación y promoción de esto somos nosotros, Enzo y Fede, son los viajeros, nuestros colaboradores, quienes le dan vida. Ellos son lo que además, marcan el horizonte hacia donde dirigirnos.
Este es el primer ejemplar de lo que esperamos sea el puntapié inicial de un perpetuo medio de comunicación, abierto y constante en nuestra comunidad de viajeros.
Se lo dedicamos con mucho afecto a todos los que, sin ningún interés más que el de ayudar, llevan adelante cada una de nuestras notas.

Recuerdos

Me imagino caminando entre las ruinas de una civilización antigua en medio de la jungla. Recuerdo el olor húmedo de la vegetación que me rodeaba, el olfato es el sentido que mejor activa la memoria emotiva.
Trato de tener presente entonces parte de qué viaje fue ese recuerdo y dibujo un mapa mental, como si estuviera siguiendo los pasos de algo que he perdido.
Así encuentro el camino. Una secuencia de imágenes, sabores, aromas y texturas tatuadas en algún rincón de mi mente viajera me cuentan la historia completa.
Estos son los recuerdos, memorias de una de tantas historias vividas alrededor del mundo, de cuando viajar no era un taboo.
Son tiempos de viajes limitados, de restricciones, de cierres de fronteras y, lo peor de todo, de una tremenda incertidumbre.
No sabemos cuánto más va a durar, o si esta terminará siendo la nueva realidad; mientras tanto los recuerdos de los viajes pasados nos mantienen cuerdos, nos ayudan a pasar el momento lo mejor posible, para no perder las esperanzas de que tarde o temprano volveremos a la ruta.

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La selva Amazónica: recorriendo su espíritu. 

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La selva Amazónica

La selva Amazónica: recorriendo su espíritu. 

Por Luz María Villegas especial para Revista Latitud

Hace algunos años, viajando por Perú, conocí a un muchacho brasileño que platicando me habló de la selva Amazónica. Me parecía fascinante ese lugar y al mismo tiempo un sueño poder recorrer y conocer algo de su naturaleza.

En fin pasaron los años y de vez en cuando recordaba esa charla, hasta que en el 2018 tuve la oportunidad de viajar allá en compañía de unas amigas. Llegamos a Leticia, la entrada a la selva en Colombia, e iniciamos un recorrido de una semana. 

Desde nuestro arribo al aeropuerto se apreciaba la selva, desde el aire solo se ve una selva espesa, sin carreteras ni caminos ni construcciones, y el serpenteante río. Al arribo nuestro guía ya aguardaba por nosotras, apenas salimos del pequeño y rústico aeropuerto, nos pidió que nos calzaramos unas botas de plástico, y así entramos a migraciones e inmediatamente nos llevó hacia Tabatinga, Brasil. 

La selva Amazónica

Allí cruzamos sin problema la frontera, solo nos enteramos de estar en Brasil cuando los letreros cambiaron de español a portugués. Dada la demora que hubo en la oficina de migración de Brasil ya no fuimos hasta la reserva Heliconias, pues el recorrido es de 4 horas por el río, así que hubo cambio de planes y en vez de eso nos dirigimos hacía otra reserva, la Flor de Loto. 

Es una sensación extraña el navegar por ese inmenso e imponente río, pasamos por las tres fronteras imaginarias, es decir, Brasil, Colombia y Perú para finalmente llegar a Reserva Flor de Loto. Ahí disfrutamos de una bellísima puesta de sol, una deliciosa cena, a base de lo que la selva y el río ofrecen, peces y frutos exóticos.

Los siguientes días hicimos expediciones por la selva, observamos monos, diversas flores y frutos como la Victoria Regia, el loto más grande del mundo. También pudimos convivir un poco con las comunidades locales. Fue una hermosa experiencia caminar por entre la selva a pesar de los inclementes y molestos mosquitos. 

La selva Amazónica

Los safaris nocturnos para observar caimanes, las caminatas por la mañana para observar aves, también disfrutamos de las leyendas y creencias de los pobladores, como el mítico y mágico delfín rosado que se cree es un hombre hechizado y por las noches adquiere nuevamente su forma humana y se roba a las muchachas de los pueblos. A este animal también pudimos verlo en la casa Natütama en Puerto Nariño, donde se puede apreciar toda la vida de la selva durante la época de aguas bajas o aguas altas.

Nosotras visitamos la selva en época de aguas bajas por lo que en todos nuestros recorridos observamos puentes provisionales e incluso transitamos por ellos. Es impresionante la dimensión que toma el río durante las aguas altas. También fue impactante caminar a menos seis metros de profundidad del río. No podíamos imaginar como por la tierra firme por la que caminamos meses después sería parte del caudaloso río. Incluso los árboles conservan la marca de hasta dónde crece. 

La selva Amazónica

Sin duda es otra forma de vida, una noche en la Reserva Heliconias Brasil, nos despertó el sonido de los monos que jugueteaban sobre el techo de nuestra cabaña, igualmente durante las noches es todo un concierto de sonidos extraños o diferentes que al principio impiden conciliar el sueño. Una noche llovió a raudales; Primero el concierto de ranas y sapos fue intenso, después vino una fuerte lluvia que hizo que esa noche no pudiéramos dormir ni tampoco dejar de pensar en las historias que nuestro guía nos contó durante la cena sobre los espíritus de la selva. 

En Perú tuvimos la suerte de conocer al mico león, un diminuto mono propio de ese lugar. Visitamos también el Santuario de los Monos en Moncagua donde se los cuida y protege ante la caza furtiva.  En ese lugar se hacen investigaciones y se trabaja con la población para educarla respecto al cuidado del hábitat. 

La selva Amazónica

Disfrutamos volar por los aires en lianas al más puro estilo de Tarzán; aprendimos a tejer pulseras con fibras extraídas de los árboles de la región. En Puerto Nariño admiramos bellos murales y grafitis que representaban parte de su cosmovisión, como el delfín rosado, la victoria regia, los monos, el Pirarucú y los frutos de la zona. Por último conocimos el mercado de Leticia, donde pudimos observar a las temibles pirañas del  Amazonas, un producto muy consumido en la región. En ese lugar probamos el Pirarucú, un pez de enormes dimensiones que puede llegar a medir más de dos metros. 

La selva Amazónica

En conclusión, El viaje a Leticia fue Una mágica y muy interesante aventura, donde aprendimos mucho sobre este hábitat tan extremo; como es la vida de la selva y sus interminables encantos.

Las Máscaras del Mundo, bellas y bestias

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portada mascara

Las Máscaras del Mundo, bellas y bestias

Por  Nacho Rovira de «Alas y Viento» especial para revista Latitud

Cuarenta años viajando por el Mundo en busca de máscaras me ha llevado a reunir una muy buena colección de ellas. Bellas y Bestias, rostros con ojos vacíos cargados de trascendencia e historia a los que es tremendamente difícil aguantar la mirada. Después de todo este tiempo, una muestra permanente de mi colección Alas y Viento está expuesta en la magnífica sede de la asociación Amics de la Unesco Barcelona. Allí descansan, después de haberme hecho vivir por ellas y con ellas, aventuras que sería difícil haber vivido con cualquier otra razón. Para mi este, el Octavo Arte, ha sido esencial para diseñar mi vida. 

Empezamos por África. Llegar al País Dogón de Mali, en el desfiladero de Bandiagara, fue hace 20 años una odisea. Conseguir una Kananga, quizás la más valorada de las máscaras dogon, un bonito sueño. En principio, según las tradiciones de esta etnia africana, la Kananga baila sólo en 2 ocasiones. La primera, en la ceremonia del Segui que se celebra aproximadamente cada 60 años. La segunda, en los funerales de un hogón, el jefe espiritual de los poblados dogones.

Nacho Rovira

Nadie conoce con exactitud las fechas de los Seguis porque dependen de acontecimientos astronómicos muy poco estudiados en relación con la estrella Sirio. Según mis cálculos, en el próximo Segui yo tendré unos 74 o 75 años para lo cual falta demasiado tiempo. Para ver bailar a las Kananga, debía darse la casualidad de que un hogón falleciera durante mi estancia en el País. Hay que tener en cuenta que las probabilidades de que eso ocurriera en uno de mis viajes allí se reforzaban estadísticamente por el hecho de que el hogón es siempre el más viejo del poblado.

En mi tercer viaje a Mali, tras una semana deambulando por los 54 poblados dogón del desfiladero, mi guía (Dialloba) se enteró de que en una aldea cercana había muerto el hogón y nos fuimos hacia allí a lomos de una moto alquilada. Dialloba fue para mi, después de varias aventuras por toda África del Oeste, más que un guía, mi hermano africano.

Gracias a eso tengo el privilegio de poder decir que yo he visto danzar a mi Kananga. El funeral empieza cuando suben hacia la plaza varios individuos con fusiles disparando al aire. Les sigue la viuda, portando una enorme cornamenta de buey y nativos enmascarados corriendo como posesos.

En la plaza, los ancianos decapitan una cabra, la voltean sobre sus cabezas y bailan mientras les salpica la sangre caliente. El «espectáculo» finaliza con las danzas de los portadores de las kanaga que, a ritmo de tambores, golpean violentamente el suelo con las astas de madera de sus máscaras. Invocan así a los espíritus del aire y de la tierra bajo la atenta mirada de otros hombres subidos en zancos y portando máscaras Serigué, de más de 3 metros de altura divididas en 2 piezas. Una locura impactante que recordaré toda la vida. Y, naturalmente, negocié y conseguí mi Kananga que hoy descansa en la colección tratada como merece…Lo más placentero de las aventuras es explicarlas porque, mientras estás envuelto en ellas, la adrenalina, la tensión y, a veces, porque no decirlo, el miedo, no te permiten disfrutarlas. 

Las Máscaras del Mundo

En Asia, la búsqueda de las máscaras nepalíes de una danza de la etnia Newar me llevó a Patan y Bhaktapur, en el Valle de Katmandú y, de vuelta a la capital, la vida me dio un susto de los gordos. Una patrulla del ejército paró la camioneta en la que me trasladaba. Eran malas épocas con continuos atentados y enfrentamientos entre el ejército de la monarquía y la guerrilla mahoista. Yo llevaba, además de mi mochila, una caja envuelta en tela de saco con las 2 máscaras recién adquiridas y el bulto pareció no gustarle nada al oficial encargado del control porque fue mirar el paquete y cargar su arma.

Yo no entiendo de metralletas, pero, igual que si veo un aleta en el mar pienso en un tiburón. Los chasquidos que oí que hacían los seguros de los fusiles de los 4 soldados que acompañaban al jefecillo en cuestión me pusieron la piel de gallina y aflojaron peligrosamente mis esfínteres. Eran niños nerviosos, de menos de 20 años, y tenían la misma cara de susto que supongo tenía yo. Pensé, fugazmente, que en este momento si el tubo de escape de alguno de los cacharros que llamaban coches y camiones a principios de este siglo en Nepal dejaba ir una petardada, se me había acabado la fiesta. Todo quedó en el susto y media hora de interrogatorio y registro de mochila y caja. Les hizo gracia lo de mi interés por las máscaras. Ya ves que bien… 

Las Máscaras del Mundo

Europa es mucho más tranquila, desde luego, y meter las narices donde debo como coleccionista me ha dado muchas más satisfacciones que disgustos, pero también en el Viejo Continente las máscaras han puesto sal y pimienta a mi vida viajera. El último salazón fue hace poco más de 1 año, al inicio de la pandemia. El cierre de fronteras por culpa del coronavirus me pilló en Portugal, concretamente en Macedo dos Cabaleiros. Allí, mi objetivo era conseguir unas máscaras llamadas «Caretos de Podence» y Podence es una aldea que está a pocos kilómetros de Macedo. En el hotel, por la mañana, me dijeron que, con el país en alerta nacional, el gobierno les obligaba a cerrar al día siguiente, así que solo me quedaban 24 horas para cumplir mi «misión».

Conseguí en el hotel la dirección del más reputado maestro mascarero de Podence y me fuí para allá. La aldea estaba desierta. Como un pueblo fantasma. Las calles no tienen nombres ni las casas números y llamé a 3 ó 4 puertas para pedir información. Ni caso. Algunos salían al balcón, pero nadie me abría. Se sentía el miedo y me miraban con desconfianza. Ni asomo de sonrisas y mucho menos de colaboración. La pandemia estaba ya haciendo estragos en la mentalidad de la gente y me estaba entrando complejo de zombie infeccioso, pero, al final, encontré a un familiar del maestro y me indicó cómo llegar al taller.

Las negociaciones fueron rápidas y secas, pero me hice con mis máscaras. Dos piezas más para mi colección.. No lo sabía entonces, pero, al día siguiente, fue una odisea entrar en España y llegar a casa recorriendo de oeste a este todo el país cerrado a cal y canto. Pero esa es otra historia… 

Las Máscaras del Mundo

América es el paraíso de las máscaras así que de ese continente tengo mil y una anécdotas. Por ejemplo, por favor y por fuerza, para desengrasar de los anteriores recuerdos más bien angustiosillos, tengo que recordar la adquisición de mis queridos diablos de Píllaro, en Ecuador. Ni mucho menos todo son sinsabores en la vida de un «buscador de máscaras» y, desde mi llegada a Píllaro, no muy lejos del lugar llamado «La Mitad del Mundo», la ubicación exacta de la línea del Ecuador, latitud 0º 0′ 0», me sentí como en casa.

Por aquel entonces yo estaba agotado tras viajar durante 8 meses, 4 por África oriental y 4 más por Sudamérica. Además los mosquitos ecuatorianos, unos verdaderos bandidos, me habían machacado los tobillos hasta el punto de que era imposible ponerme las botas. Píllaro fue un bálsamo. Desde el primer momento los pillareños me acogieron como una familia y fue difícil escoger 2 máscaras de la Diablada pillareña que se celebra cada año del 1 al 6 de Enero. Una original alternativa para celebrar el Año Nuevo.

Allí curé mi cansancio y las picadas y recordaré siempre el último atardecer con mis nuevos amigos Mascareros. En el Monumento a la Resistencia Indigena, con vistas a la cordillera que Humblot llamó la «Avenida de los Volcanes», donde nos sacudimos al coleto una botella de Agüita de Puerco, un delicioso macerado de moras de la zona capaz de resucitar a un muerto… 

Las Máscaras del Mundo

Mucho hay que patear Mundo para conseguir una buena colección de máscaras, las Bellas y las Bestias, rostros de expresión fija en ocasiones preciosas y en otras terroríficas. Muchas veces me han preguntado por qué hago esto, de dónde viene mi pasión por ese arte. La verdad es que no lo sé pero las máscaras están relacionadas con lo tradicional y, sobre todo, con lo espiritual.

tal vez sea porque yo nací el 2 de Noviembre, Día de Difuntos. Es un hecho. Además, en mi casa dicen que soy poco expresivo de cara, que no sonreí hasta los 10 años y después muy pocas veces. Tres o cuatro veces concretamente. En realidad, la cuarta no está probado si era una sonrisa o una mueca nerviosa porque fue la reacción facial a un «te quiero»… A saber.

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Matavenero, un viaje en el tiempo

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Matavenero

Matavenero, un viaje en el tiempo

Por Ania Hess especial para Revista Latitud

Hay un lugar que es interesante para cada viajero. No sólo por su ubicación, sino también por su ritmo de vida, los valores y la forma de funcionar completamente diferentes. 

Los habitantes de este pueblo viven como si el tiempo se hubiera detenido hace 30 años y, aunque utilizan la tecnología, no lo hacen  con la frecuencia de otras ciudades o pueblos. Esta forma de vida alternativa suele ser difícil para algunos, aunque también propone un verdadero contacto con la naturaleza. Una vida así requiere disciplina y renunciar a muchas cosas. Algunos de sus habitantes no han salido del pueblo desde hace 20 años ni por un momento.

Cómo empezó todo

En el siglo XIX Matavenero pertenecía al desaparecido municipio de Alvares de la Ribera. El pueblo quedó deshabitado a finales de los años 60, hasta que en 1989 varias personas de distintas nacionalidades se establecieron en esta localidad y en la cercana de Poibueno, intentando crear lo que se han dado en llamar como aldea ecológica o Eco Aldea.

Matavenero

La idea de crear un pueblo había comenzado en el verano de 1988, durante la celebración en la campa de Fasgar, por encima de Colinas del Campo, del Encuentro anual Rainbow. Se había formado un movimiento internacional vinculado con comunidades alternativas, como la de Christiania en Dinamarca o la de Santa Bárbara en Alemania, herederas del pacifismo y el ecologismo hippie de los años sesenta. 

Unos cuantos amigos se reunieron y leyeron una lista de pueblos abandonados en el periódico local. En las semanas siguientes, los visitaron y comprobaron que así fuera, de qué lado se encontraban, como daba el sol o hasta si eran habitables.

La elección recayó en Matavenero. Al principio, los colonos del pueblo se enfrentaron a mucha burocracia, sumado a un recibimiento no muy agradable por parte de los cazadores que solían frecuentar los bosques cercanos. Sin embargo, la persistencia de este grupo de personas formado principalmente por alemanes, austriacos, suizos y un estadounidense llevó a una situación en la que al fin lograron crear una agrupación electoral, sin banderas políticas, y se presentaron a las elecciones de 1991. Desde entonces, Matavenero y Poibueno son una Junta Vecinal legalmente constituida.

Tras solucionar problemas básicos como el del agua potable (suministrada por arroyos de montaña) o el suministro energético (principalmente a través de placas solares), la población creció. Crearon así una serie de negocios artesanales y agrícolas, que comerciaban con las ferias y mercados de los pueblos y ciudades cercanas).

Desde su recuperación como pueblo habitado, han nacido más de 40 niños, situación que conllevó a la creación de una escuela, donde estudian la mayoría de esos niños. 

El pueblo no es de fácil acceso porque no hay carretera asfaltada. Tampoco todos los habitantes tienen coche. Para llegar hay que conducir por un caminito de ripio por la montaña, dejar el coche a unos cientos de metros y caminar hasta el pueblo por un espeso bosque. 

La mayor particularidad que el viajero encuentra al llegar es que la mayoría de las cosas que uno habitualmente da por sentado no existe aquí. No hay carreteras, no hay iluminación, no hay recepción de teléfonos móviles, no hay bullicio. Aquí solo existe tranquilidad propia de la naturaleza y el trabajo duro de los viejos tiempos.

El pueblo cuenta con biblioteca, un ropero, un comedor comunal, una panadería y un bar. Matavenero tiene también un teleférico con el que se bajan los materiales y las compras.

Matavenero

¿Hippies o ecologistas?

El pueblo surge del espíritu del «Rainbow». Hippies a lo largo de los años que remendaban las antiguas cabañas de los mineros con madera y chapa para hacer viviendas. colocaron también tuberías de agua y construyeron retretes de abono.

En la actualidad esta comarca ecológica se conforma de casas pequeñas de madera y piedra, por las yurtas y carpas. Muchas de estas están construidas con diversos materiales y sus formas son irregulares. Cuando los viajeros llegan al pueblo, pueden alojarse en la cocina común, una habitación en ángulo con literas y una estufa, generalmente en mal estado. Cualquiera puede quedarse en el pueblo durante dos semanas. Pagando o no por la noche. Depende de cada uno. También puede pagar su estadía con trabajo, ayudando a los aldeanos en sus quehaceres cotidianos.

Matavenero

Si uno quiere extender su estadía tiene que encontrar alguien que lo tutele, un padrino o una madrina que testifique por ti y te tomara bajo su protección. 

Si alguien quiere extenderse aún más e instalarse en el pueblo de forma permanente, el consejo del pueblo le asignará una residencia temporal y con la condición de permanecer todo un año completo. Si llegase a perdurar y la comunidad lo acepta, al cabo de un año obtiene una pequeña parcela en la que puede construir su casita o poner una tipi o yurta.

Lejos del centro, en el único nivel del pueblo detrás de los castaños, se encuentra un domo  que llaman también DOM, donde se celebran las fiestas de pueblo, el lugar donde bailan y se relacionan. 

Las casas se calientan con leña y comen lo que cultivan. Allí no suena el despertador por la mañana ni tampoco existe Alexa. El gallo canta a las 5 para indicar que es hora de levantarse. Cuando hay que transportar algo, no ayuda la carretilla elevadora, sino un burro. Como ya dije, la vida es más natural allí, pero también es más difícil. 

Foto de Ania Hess

Un viaje rápido al supermercado o comprar ropa es imposible. Hay que tomar un día para ello. 

Vivir juntos en la aldea también significa decidir siempre todo por consenso. El Estado español se mantiene al margen de todo. No envía a un recolector de basura ni a nadie a instalar farolas. Por un lado, esto representa su libertad, pero por otro, están solos, tanto en verano, cuando el arroyo se seca, como en invierno, cuando se congela.

Esta aldea idílica de montaña, no encaja en absoluto en el siglo XXI. Aquí la vida es espartana, mientras que afuera puedes cumplir tus deseos con un solo clic. 

Ahora bien, si profundiza en la vida de los pueblos se descubrirá que la digitalización no está totalmente ausente aquí, sino que progresa bastante más lentamente.

Desde hace unos años, el pueblo también tiene acceso a Internet. Tienen una pequeña sala donde hay wifi y todos los residentes pueden entrar allí y usar el wifi libremente. Por el acceso a la red pagan una cuota mensual de 5 euros. Esta es la única forma que permite a los habitantes entrar en contacto con el mundo exterior.

El interés del público por Matavenero crece cada año. Muchos de los que lo visitan son periodistas y simplemente viajeros curiosos. 

Los turistas se mueven por el pueblo como si se tratase de un exótico museo al aire libre. Mientras tanto, se evidencia que los habitantes de Matavenero no son partidarios de este tipo de exhibición

Foto de Ania Hess

El último Rastamariano 

Los habitantes de los pueblos cercanos dicen que este pueblo no es el que era hace 30 años, que ha cambiado mucho. destacan principalmente que la gente de allí no está muy unida y que ya no tienen nada que ver con los hippies originales. La idea de Matavenero ha dado paso a un pueblo para aspirantes a hippies.

Durante mi visita al pueblo me encuentro con un hombre Mirus, que parece muy cercano a la ideología de Rainbow. Me invitó a su yurta donde sonaba música reggae. Era un agradable hombre de 52 años de origen polaco. Me contó que lleva 30 años viviendo en Matavenero y sigue creyendo en su ideología. Me invitó unas manzanas silvestres y tortitas con mermelada casera. Parecía cansado de vivir allí. Su sueño es crear un pueblo similar a éste, pero totalmente hippie como en los viejos tiempos. 

Mirus es un hombre hospitalario y servicial. me dijo que si quisiera instalarme allí el puede ayudarme a construir una casa. 

También conocí allí a una simpática mujer Austriaca, Anna de 60 años, que se instaló aquí hace 20 años con su compañero de la vida Uli, uno de los primeros colonos. Ellos también fueron muy amables. 

Matavenero

Pero no todos los aldeanos son así. Algunos incluso parecen inaccesibles. Especialmente los más jóvenes. 

Me fui de Matavenero con una sensación de que este lugar, llamado el último de su clase en España, tiene dos caras… Por un lado, la vida pura y dura de antes, la educación libre, las huertas orgánicas y el concepto de una eco aldea. Por otro, la aparentemente inevitable invasión de Internet, los niños de pocos años usando Tik Tok y mucha basura acumulada. 

Matavenero es sin duda uno de los pueblos mejor situados que he visto, que pone en contraste al viajero con su constante lucha por mantener su herencia sobre las nuevas tendencias.

Así se siente el fin del mundo

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Así se siente el fin del mundo

Así se siente el fin del mundo

Por Sebastián Romero especial para Revista Latitud

En 2017 viví un atardecer en playa larga, entre mate y amigos, sentí que cerrando los ojos podía ver mejor que nunca. Alejado del cemento, despojado de pensamientos, abrazado por la montaña, así me sentía.

Podría aprender mil idiomas, pero las palabras para definir su paisaje no existen.  Sobresalientes y fuertes sobre tierra, las raíces parecen las venas del bosque, y desde allí, es que el lugar simplemente te lleva a destino. ¿De qué podría uno quejarse? Si luego de un último paso, la Laguna Esmeralda asoma rodeada de un bosque color Fuego de otoño. ¿Qué podría preocuparme ? Si el Monte Olivia me regala a la luna posando sobre su pico, para contemplar un atardecer.

Así se siente el fin del mundo

 

Ya no es inalcanzable el horizonte, lo sagrado está en la armonía de la montaña, en en el corazón del parque el Lago Acigami, en el centro de la ciudad el cerro del Medio, donde tendrás que agacharte para no chocarte con el cielo al llegar arriba. Embarcar hacia el faro es ir acompañado de ballenas, asomando en su inmensidad brevemente para dejar un nudo en la garganta y ojos brillosos, lágrimas de emoción que aún reflejan su libertad…cada día, cada hora, cada cielo, cada paso el lugar es distinto, siempre más sabio, más infinitamente único.

Así se siente el fin del mundo

 

Al conocer sus densos bosques ya no vale la frase » parece de cuento el lugar » sino que al leer un cuento uno diría » parece Ushuaia !! » demasiado real, demasiado humano, es solo sentir. En un terreno tan inmenso, no hay lugar para lo cotidiano.  La vida sucede alrededor tuyo en las montañas, en lo salvaje del viento, en sus mantos blancos cubriendo sus picos en inviernos donde el paisaje se viste de blanco y transmitiendo en cada mirada la paz de su color.

Así se siente el fin del mundo

 

¿Vivieron el caminar por el Valle de Andorra ? ¿Probaron elegir alguno de sus caminos para ir a la Laguna Encantada o a la Laguna de los Témpanos donde los espera un glaciar junto a ella ?

¿Se aventuraron a la Laguna del Caminante? ¿Los recibió el lugar con el premio más bello por haber caminado horas ?

¿Experimentaron la fuerza del Canal de Beagle mientras buscan la foto perfecta en Estancia Túnel ? ¿Probaron su valentía al intentar cruzar por sobre un tronco el río encajonado? ¿Se detuvieron al transitar la ruta, en el Paso Garibaldi ?

¿Saben ya que podrían estar horas viendo las piedras a través del agua, que el cielo se refleja con pinceladas perfectas sobre el agua ?  Tal vez suene cansador, pero siempre está  el agua de deshielo para compensar cualquier andar agitado.

Ahí, en el fin del Mundo, descubrí  como se expresa el alma …ella suspira por su paisaje con la fuerza del viento, fluye con el rumor del agua…

 

Así se siente el fin del mundo

El mejor día en Fiji

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día en Fiji

El mejor día en Fiji

Por Viajo como quiero especial para Revista Latitud

Viajar a las Islas Fiji fue otro sueño que parecía imposible de realizar, pero que cumplimos. En 2019, cuando viajamos a Nueva Zelanda, vimos que las Islas Fiji eran un destino muy popular para los neozelandeses, debido a la relativa proximidad que hay entre ambas islas. Es por ello que pudimos conocerlas de una manera más económica de lo que uno se imagina. 

Apenas pudimos estar 4 días y desgraciadamente no fue tiempo suficiente para conocer todas las islas, ya que se trata de un archipiélago con un total de 333. Pero lo que sí pudimos hacer es una excursión que nunca olvidaremos.  

Al contrario de lo que normalmente se suele hacer, qué es visitar los diferentes resorts que hay repartidos por las distintas islas navegando en grandes ferries, nosotros decidimos hacer un day tour en un pequeño velero con apenas 10 personas más a lo largo de las islas más desconocidas y lejanas a la principal (Viti Levu). 

El recorrer este archipiélago en esta embarcación más pequeña, hacía que te sintieras más cerca si cabe de cada isla que se cruzaba en nuestro camino. Algunas de ellas estaban deshabitadas, otras tenían resorts de lujo y otras simplemente eran bancos de arena que salían a flote. 

día en Fiji

La primera de las islas que visitamos fue Modriki Island, una isla deshabitada y protegida en la que solamente podíamos llegar nadando. Aunque no hayáis estado en Fiji, seguro que todos la conocéis, ya que aquí se rodó la película de “Cast away” (Náufrago, en España) de Tom Hanks y como habréis visto en el largometraje es una isla impresionante.

 Recuerdo que fuimos, como no, unos de los primeros en saltar del barco. Sí, literalmente, saltar. Equipados con aletas, gafas y tubo, nos comían las ansias por descubrir el inmenso fondo marino que había debajo de las aguas turquesas y cristalinas. Cuando abrimos los ojos y empezamos a ver el coral multicolor, moluscos, estrellas de mar azules, todo tipo de peces (pez globo, pez payaso, entre otros más comunes) nos impresionó muchísimo, ya que nunca habíamos estado en un lugar tan lleno de fauna marina y tan bien conservado como este. 

día en Fiji

Después de un par de horas buceando decidimos pisar tierra firme; lo que vimos allí nos dejó igualmente impresionados. La arena blanca y fina estaba llena de piedras de jade de un tamaño considerable. No sé si sabéis, pero las piedras de jade son de color verde oscuro y muy preciadas también, ya que con estas se suelen hacer joyas. 

día en Fiji

Después del snorkel y de una barbacoa en alta mar, que nos supo a gloria, nos llevaron a Yanuya Island. Yanuya es una de las pocas islas habitadas, donde apenas viven unas 50 familias. En esta isla sobreviven de lo poco que les da la tierra y de la artesanía que venden a los pocos turistas que se atreven a llegar, como nosotros. 

Su vida humilde, pero feliz, fue todo un contraste para nosotros, nos gustó saber que no todo son resorts en Fiji, esto era auténtico. Tuvimos además la gran oportunidad de disfrutar de una ceremonia del kava. Por si no lo sabéis el kava es la raíz de una planta que se lleva utilizando durante milenios en la medicina tradicional de las Islas del Pacífico y Polinesia. Mezclada con agua tiene propiedades anestésicas y ansiolíticas, entre otros. Nosotros notamos que se nos dormía la garganta y la lengua, seguido de una sensación de paz interior que nos duró aproximadamente media hora. Podría contaros más sobre este tema ya que hay otras islas de la Polinesia, pero esto será para otro artículo. 

día en Fiji

De regreso al barco y a tierra firme la tripulación nos cantó, acompañada por los acordes de un ukelele, una canción de amistad fiyiana. El día al completo fue uno de los más sensoriales que vivimos en las islas, por la sencillez de la experiencia, la humanidad de la gente y por lo especial del paisaje. Aún hoy cierro los ojos y puedo teletransportarme a ese día…

La travesía de las 5 lagunas, Bariloche

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La travesía de las 5 lagunas

La travesía de las 5 lagunas, Bariloche

Por Silvana Vejares espacial para Revista Latitud

Mi nombre es Silvana Vejares, y hoy te invito a trasladarte a este mágico lugar. ¿Me acompañas?

Vivo en la ciudad de San Carlos de Bariloche, ubicada en la provincia de Río Negro, Argentina. Es un lugar soñado y elegido por miles de turistas por sus increíbles postales. Se encuentra rodeado de bosques, montañas, lagos de aguas frías y cristalinas.  

En cada estación del año te sorprende de manera diferente. Mi favorita es el otoño, las nalcas se pintan de naranja, los álamos te maravillan con ese amarillo intenso y comienzan a caer las primeras nevaditas.

Uno de mis propósitos es despertar el interés, el aprecio, el respeto y la valoración por la naturaleza, enriqueciendo la conciencia de los vínculos que nos unen con ella.

La travesía de las 5 lagunas

Sensibilizar, invitar a la contemplación y el disfrute de la belleza de los inmensos paisajes o de una simple hoja rojiza de otoño, fomentar la curiosidad sobre el nombre y los usos tradicionales de las plantas de un determinado lugar, ayudar a reconocer los cerros, o sencillamente descubrir cómo sentimos y nos emocionamos con la naturaleza. 

Tengo una frase que me identifica mucho » Somos instantes, somos momentos», lo cierto es que cuando estás en contacto con naturaleza sentís que solo sos ese instante, y haces todo lo posible por disfrutar al máximo de ese momento que te estás regalando.

¿Te has dado cuenta que la vida pasa tan rápido? El tiempo corre sin prisa, entonces ¿ Qué hacemos con el tiempo que disponemos?  Todos invertimos o malgastamos en diferentes cosas.  

La travesía de las 5 lagunas

¿Cuál es tu manera de vincularte con la naturaleza ?  , Me pasó que comencé recorriendo pequeños senderos y de baja complejidad, pero rápidamente se volvió una manía el querer descubrir cada vez nuevos lugares. Y Bariloche es más que la ciudad del chocolate, está rodeada de lagos y montañas. Está repleto de senderos para hacer Trekking. 

En mi cuenta de Instagram comparto fotos de los lugares que he recorrido. Muchos seguidores han reaccionado tan sorprendidos cuando les comento que esos lugares se encuentran a los alrededores del lugar en el que vivo (Bariloche). 

En esta oportunidad quiero contarles sobre la travesía más hermosa y placentera que he realizado, justo días antes de comenzar el otoño. 

Se llama Cinco lagunas y es un recorrido de ensueño, la travesía más buscada en Bariloche. Comienza en Colonia Suiza y termina en Pampa Linda, al pie del Cerro Tronador, en un itinerario transcordillerano con varios pasos de altura, que recorre en total casi 55km. Esta travesía está clasificada dentro de los diez trekking más importantes de Argentina. 

La travesía de las 5 lagunas

El atractivo principal, como su nombre lo indica, es la variedad de lagunas ubicadas en ollas y estrechos valles, cada una es distinta e impacta de distinta manera. 

A veces la magia de una travesía de montaña está en desandar un valle inhóspito, otras en alcanzar una cumbre o un filo que asegure vistas incomparables. 

La primera parada es en Laguna Negra, luego continuamos viaje subiendo al filo del Bailey Willis. Desde allí podemos divisar a lo lejos la Laguna CAB, que es el siguiente objetivo, y donde haremos noche. 

Al día siguiente comienza la aventura subiendo la picada rumbo al cerro CAB y luego faldear por un pedrero que desemboca en el mallín del Mate dulce. A continuación partimos hacia el Cerro Cristales, este es el punto más alto, fue uno de los puntos del recorrido que más me impactó, me atrapó por completo. Llegas a la cumbre y te espera una imponente sorpresa, el Cerro Tronador de fondo y a la derecha la Laguna Cretton (segundo pernocte). 

La travesía de las 5 lagunas

Continuamos viaje; el tercer día comenzó con una pendiente suave hasta un filo donde se divisaba la Laguna Azul, la más grande de todas. La picada sigue hasta la pequeña Laguna Jujuy, supera el filo del Cerro Capitán y más adelante discurre por un extenso mallín y un bosque de gran belleza que nos lleva directo a Laguna Ilon.

Sin dudas nos tocaron noches espectaculares, era llegar a cada Laguna y bañarnos, sin importar la baja temperatura del agua. Luego armar la carpa, preparar la cena , estar tirados afuera contemplando las constelaciones, ver caer estrellas fugaces… Que más se puede pedir, sería demasiado ambiciosa si esperara más. 

La travesía de las 5 lagunas

Hay momentos que vivimos, que quisiéramos que jamás se borraran de nosotros. Este fue uno de ellos, caminar, subir y subir, pero al final te espera una vista imponente. Es imposible plasmar con palabras o en una foto, esas sensaciones encontradas, la expresión de mi rostro. Solo les puedo compartir un poquito de lo quedó grabado en mi retina y en mis recuerdos.

El Chaltén: Comarca de Viajeros

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El Chaltén

El Chaltén: Comarca de Viajeros

Allá en el sur argentino, en los parajes más recónditos de la estepa Patagónica, se esconde el pueblo que representa lo maravilloso del turismo natural. Esta pequeña comarca de la que les hablo se llama El Chaltén, la meca del viajero caminante, de los ruteros y los mochileros, dueña de un entorno natural como pocos en el mundo.

El pueblo es pequeño, de tan sólo 1600 habitantes, con casitas de colores chapa y madera. Lo rodea una inmensidad de cerros y montes que en la primera línea son de tonos terracota, pero a medida que se alza la vista se descubren los picos más altos manchados de blanco, coronados por el imponente monte Fitz Roy.

La imagen completa es un poema de la creación con una belleza inimaginable, tan perfecta que a primera vista cuesta creerlo real.

El Chaltén es de esos lugares que no pueden explicarse con una fotografía, porque requiere ser vivido con los cinco sentidos.

Para la Argentina es la capital nacional de trekking, título al que hacen honor los interminables senderos que parten desde allí, serpenteando la montaña al ritmo del paisaje.

El Chaltén

El Chaltén

El pueblo es una villa casi exclusivamente turística, que funciona como si fuera un gran campamento base, destinado a cubrir las necesidades de los montañistas y senderistas.

Alojamientos es lo que más hay y en todas sus presentaciones, como hoteles, hostales, camping y hasta espacios para autocaravanas. La mejor característica del pueblo es que cada construcción es diferente a la de al lado, tiene su propia impronta en estilo, colores y hasta materiales con las que está hecha.

Le siguen unos cuantos restaurantes que ofrecen desde minutas hasta sofisticadas delicias locales (como el cordero asado). Las panaderías están a la orden del día y por las  noches unas cuantas cervecerías.

En menor medida podremos encontrar tiendas de indumentaria de montaña, donde se pueden conseguir todo lo necesario para las actividades de la zona, incluso mapas y accesorios también.

El Chaltén

Hablemos ahora del carácter del pueblo, la dinámica de cada día.

En El Chaltén se amanece temprano. Los senderos principales demandan largas caminatas y los amantes del trekking saben que siempre es conveniente volver con luz.

Entre las 6 y las 9 de la mañana podremos ver viajeros hacia cada dirección. Lo mismo sucede durante la noche, la hora de la cena suele ser la más concurrida.

En contrapartida durante la tarde El Chaltén se convierte en un pueblo fantasma. Como la mayoría de los viajeros se encuentra explorando la naturaleza muchos de los comercios aprovechan para cortar para una larga siesta. Algunos comercios ni siquiera abren por la mañana.

Cómo se llega

Un solo camino conduce a este remoto valle, la ruta 41. Ya sea que viajemos en autobús, en auto o bicicleta a El Chaltén sólo se llega por tierra.

Se debe tomar primero un vuelo desde Buenos Aires o Ushuaia hasta el Calafate y desde ahí conectar por ruta. Si optamos por ir en autobús podremos hacerlo desde la terminal de la ciudad o directamente desde el aeropuerto. El viaje dura aproximadamente 3 horas y en ocasiones con parada en la estancia «La Leona».

El Chaltén

A tener en cuenta (que llevar)

Antes de viajar a El Chaltén hay que tener ciertas consideraciones respecto a qué llevar y cómo organizar la estadía. 

Lo primero a tener en cuenta es que ropa llevar. Tanto para el invierno como para el verano necesitaremos todo tipo de vestimenta. Si bien esta región es de tendencia fría, para las actividades que se realizan aquí es conveniente vestirse por capas (muchas capas de ropa liviana). Recomiendo en lo posible que sea impermeable y desmontable. 

El calzado de Trekking impermeable es indispensable, sin eso no es posible recorrer los senderos hasta el final. 

Una mochila suficiente para las excursiones también será de utilidad, ya que las rutas son duraderas y demandan llevar comida y agua.

Respecto a cuándo ir y cuanto tiempo. La época ideal es de Diciembre a Marzo, cuando todas los senderos se encuentran habilitados. 5 días es el mínimo de tiempo que recomiendo, pero por supuesto, si puede ser más mejor.

El Chaltén

Los senderos

El pueblo de El Chaltén es el principal punto de salida de excursión. A diferencia de otros destinos de trekking en el Chaltén no hay que trasladarse en vehículo hasta el inicio del recorrido. Desde allí se ramifican como en un hormiguero los diferentes senderos con destino a los mejores miradores, lagos y cerros de esta zona de la cordillera de los Andes, incluido el mismísimo monte Fitz Roy.

El principal recorrido, o por lo menos el más popular, es el sendero que lleva dirección a la «laguna de los tres», al pie del Monte Fitz Roy.

El recorrido parte desde el final de la avenida San Martín, la calle principal de El Chaltén. Desde allí se desprende un camino de aproximadamente 12 kilómetros, de los cuales 11 son de dificultad moderada y uno, el último, muy alto.

El Chaltén

Comienza con un ascenso constante por una colina hasta llegar al mirador del valle del río de las vueltas. Unos kilómetros más adelante el camino se divide en dos diferentes que inmediatamente se vuelven a juntar. El primero se dirige hacia el mirador Fitz Roy, el otro hacia la laguna Capri.

Luego el camino se transforma en un hermoso valle casi llano, con algo de bosques de ñires, un afluente arroyo de deshielo, y un paisaje lunar de piedras blancas también.

Nos acompaña durante todo este trayecto la cima del Fitz Roy, el Cerro torre y un inmenso glaciar, el piedras blancas.

Antes de ingresar a el último kilómetro un cartel nos advierte que lo que resta del camino es sólo para personas en buen estado físico, calzado adecuado, y algunas condiciones más.

El Chaltén

Esta parte es muy sacrificada, pero se justifica al llegar a la cima.

Siempre digo en estas circunstancias que «la satisfacción que se logra al alcanzar la meta es la suma del esfuerzo acumulado en cada paso por el sendero», y este es el mejor ejemplo.

La vista del monte Fitz Roy, junto con la laguna de los tres es de esas imágenes que se graban para siempre en la memoria como una postal.

El recorrido completo suele demandar entre 8 y 10 horas a ritmo tranquilo con algunas paradas.

El Chaltén

Quienes todavía conserven energía y tiempo para una travesía larga más, suelen elegir como segundo camino el sendero a la Laguna Torre.

El acceso en este caso es desde la mitad del pueblo. Como el anterior, comienza con un ascenso por la colina en un paisaje de bosque inclinado, hasta llegar al mirador del cerro torre. La composición se completa con el cordón Adela, y las agujas de granito circundantes.

Siguiendo el camino, unos kilómetros adelante cruzaremos el campamento base DeAgostini en ascenso hasta el final del recorrido. La particularidad de esta Laguna son los témpanos de hielo que se desprenden del enorme glaciar que la rodea.

Este recorrido de dificultad media recorre unos 20 kilómetros entre la ida y la vuelta, distancia que suele demandar entre 8 y 9 horas.

El Chaltén

El último de los tres grandes circuitos que parten de El Chaltén es «la loma del pliegue tumbado».

Este recorrido es el más difícil, ya que su camino de 21 kilómetros es en constante ascenso. Sin embargo, se lo considera también el de las mejores vistas del valle.

 

A diferencia de los anteriores este recorrido comienza en el centro de visitantes del Parque nacional, cruzando el puente de acceso al pueblo.

Es también uno de los más extremos, ya que la ausencia de árboles expone al caminante a un viento considerable, sin mencionar los 1100 metros de ascenso, un verdadero desafío. El resultado después de esta hazaña es una espectacular vista de la cordillera de los Andes con los picos del Fitz Roy como protagonistas. Se llega a ver también el lago Viedma desde allí.

Si volvemos al centro de visitantes, pero esta vez seguimos el sendero opuesto al anterior podemos encontrar dos recorridos panorámicos mucho más cortos, el mirador de los Cóndores y el de las águilas. El primer mirador demanda unos 20 minutos de camino, mientras que el segundo tal vez 30 más.

El Chaltén

Desde este mirador es fácil observar el danzante planeo de los Cóndores Andinos, además de una de las mejores vistas aéreas de El Chaltén.

Un recorrido corto más se desprende de las sendas del pueblo, pero esta vez la meta es una cascada. Se llama chorrillo del salto y queda a sólo 3 kilómetros y algo más desde donde empieza la ruta 23. El camino es plano, muy fácil y se puede hacer por sendero peatonal o bien caminando por la ruta.

El Chaltén

Estos son los principales trekking de El Chaltén para los aventureros caminantes.

Los amantes del cicloturismo, los que buscan desafiar sus límites sobre dos ruedas, tienen a su disposición circuitos paisajísticos. El desafío más fuerte a mi criterio es la ruta al Lago del Desierto. Una travesía dificultosa por ripio a través de 72 kilómetros (ida y vuelta) por la ruta 23. No será necesario hacerla de corrido ya que el mismo entorno irá sugiriendo algunas paradas panorámicas. El camino atraviesa desiertos, montañas, lagos, puentes y bosques casi verticales, todo esto acompañado por un increíble paisaje andino.

Al finalizar el recorrido tendremos dos opciones de caminata, un sendero que borde el lago del desierto u otro con dirección al glaciar Huemul.

El Chaltén

Existen agencias que organizan traslados en vehículo hasta el lago, con vuelta en bicicleta, si nuestro estado físico no es muy competitivo, o bien no queremos cansarnos de más.

Visitar El Chaltén es toda una aventura. Resulta difícil imaginar, antes de visitarlo, que este pueblo tan pequeño pueda tener tanto para hacer y de tan inmenso valor.

Me arriesgo a decir que un viaje a este paraje natural puede hacernos replantear nuestras más íntimas prioridades.

París: diamante del viejo continente

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París

París: diamante del viejo continente

Por Agostina Garnica especial para Revista Latitud

París, la gran París… cuantas cosas lindas se me vienen a la mente cuando pienso en ella. Es por eso que a través de esta nota quiero contarles un poquito de esta mágica ciudad, si es que aún no tuvieron la oportunidad de visitarla. Si la conocen, entonces quiero que les den ganas de regresar.

Se la llama la «ciudad del amor» ya que fue y es escenario de numerosas novelas y películas románticas. También es conocida por ser «la ciudad de la luz» no solo por su alumbrado público sino porque fue la capital mundial de la Ilustración en el siglo XVIII.

París tiene mucho que ofrecer y para todos los tipos de edades. Es una ciudad en la que jamás te vas a aburrir.

Recibe al año más de 33.8 millones de turistas y eso se explica en que tiene un encanto particular, una pizca de romanticismo e historia, lo que hacen de este lugar, algo único en el mundo.

La visite en enero y era pleno invierno. Esos días suelen ser muy fríos, nublados, con lluvia y mucha nieve. Así y todo me fascino. No tuve la suerte de verla vestida de blanco pero si tuve la suerte de caminar por sus calles con un paraguas bajo la lluvia, y así llegue a la conclusión de que es hermosa por donde la mires.

París

El transporte público funciona a la perfección conectando toda la ciudad y aparte es barato. Así que si está en tus planes conocerla, esta es una buena forma de recorrerla. Yo lo utilice en todo momento, desde que llegué a París en el Aeropuerto hasta que seguí viaje por Europa.

Decidí hospedarme en un hotel ubicado a una cuadra de la estación de tren Gare du Nord y les recomiendo esta zona por varios motivos:

Es segura, está conectada con muchas líneas de colectivos y además es una zona económica a comparación de hospedarse en el centro.

Otro motivo también es la cercanía que tiene con el tan famoso barrio de Montmartre.

París es tan grande y tiene tanto para ver que es imposible recorrerla en solo un fin de semana, por eso recomiendo como mínimo una estadía de 5 días.

París

Como todas las ciudades, hay lugares que no podés dejar de visitar, que son paradas obligadas. Quiero contarte también un poquito de estos imperdibles:

Para descubrir los tesoros ocultos de París, la mejor forma de hacerlo es caminando. Así que agarré mi guía de viajes y me dirigí hacia el símbolo de Francia, la Torre Eiffel. Como dato curioso, este edificio cuenta con 312 metros de altura y fue el más alto del mundo hasta que se levantó el Empire State Building de Nueva York. Se puede subir por escalera o ascensor para tener una vista panorámica de la ciudad; Recomiendo sacar con anterioridad la entrada para evitar largas filas.

Si querés contemplar otras vistas de la gran dama de hierro, te recomiendo visitar Champ de Mars, el famoso jardín ubicado entre la Torre Eiffel y la Escuela Militar. En él encontrarás áreas verdes, lagunas y fuentes. Es un excelente lugar para tomar fotografías con la famosa torre de fondo.

París

A unos 15 minutos caminando, me encontré con el Hôtel des Invalides construido por el rey Luis XIV para alojar a los soldados heridos en guerra y a los militares retirados, como agradecimiento por disponer de sus vidas al servicio de la monarquía. Si bien hay mucho que ver en este lugar, no dejen de visitar la Iglesia del Domo, destacada por su cúpula dorada. Esta Iglesia es un punto de referencia ya que dentro de ella descansa Napoleón Bonaparte. Sus restos fueron trasladados desde la isla de Santa Helena en 1840.

Un toque adicional que no puede faltar, en tu visita a París (por nada del mundo) es caminar por la Avenida Des Champs Elysees. Coronada por cientos de flores de colores, negocios de alta moda y cafés parisinos.

Allí te encontrarás con el Arco del Triunfo. La construcción fue ordenada por Napoleón en homenaje a la gloria de su ejército y está ubicado en la Place de l’étoile desde donde parten 12 importantes avenidas.

 

Siguiendo el recorrido y muy cerca de este lugar, encontramos una maravilla en áreas verdes:  Jardins des Tuilerie. El jardín separa el museo del Louvre de la Place de la Concorde; Es un lugar ideal para los amantes del algodón de azúcar, los paseos, la cultura y la emoción.

Y si de paseos se trata, te recomiendo que para llegar al Museo del Louvre desde los jardines, bordees el río Sena. No te vas arrepentir de los hermosos paisajes que vas a ver; Combinando naturaleza, historia y romance. Allí también observarás la cantidad de candados colgando de los puentes, donde las personas sellan su amor.

París

Al igual que en la Torre Eiffel, también te recomiendo que compres tu entrada con anticipación. Debido al contexto de pandemia, la capacidad fue altamente reducida.

¡El Louvre es enorme! Para hacerse una idea general y ver las obras más destacadas, es necesario dedicar al menos una mañana completa. Contiene alrededor de 350.000 piezas y fue construido como fortaleza por el Rey Felipe Augusto hacia 1200. Una de las pinturas que quiero destacar que no podés dejar de ver es La Gioconda de Leonardo da Vinci, y como escultura La Venus de Milo de la Antigua Grecia.

Y ahora sí, quise dejar para lo último el increíble y famoso barrio de Montmartre. Barrio de pintores y poetas, unido a la bohemia de finales del sigo XIX y siglo XX. Es el punto más alto de la ciudad y todo es un encanto. Desde sus callejuelas, plazas y terrazas hasta la esplendorosa Sacre-Cour: Una de las estampas más fotografiadas de París. Esta basílica se construyó para honrar la memoria de los soldados franceses caídos en la guerra franco-prusiana. 

A orillas de Montmartre, encontrarás el Moulin Rouge. Fue el cabaret más famoso de la Belle Epoque. Hoy abierto para disfrutar de un espectáculo junto a una cena o simplemente beber un café.

París

Y luego de varios lugares recorridos de París, esta nota va llegando a su fin. Ciudad llena de cultura, historia pero sobre todo de mucho romance. París responde a todo lo que el corazón desea porque es una fiesta y realmente vale la pena que estés ahí al menos una vez en tu vida.

París