Coroico, Bolivia

Coroico Bolivia

Por Bruno Delmoro especial para Revista Latitud

Coroico, Nor Yungas, Departamento de La Paz, Bolivia. Hay un acuerdo tácito sobre los lugares que visitar cuando uno viaja a Bolivia, y (en mi opinión) este no está dentro del mismo. Será que tuve la mala suerte de que nadie me hablara de Coroico, como indirectamente también la suerte de que esto no sucediera.

Se encuentra a solo 100 kilómetros de La Paz y pertenece al centro-este de Bolivia. Su paisaje es rico en belleza natural con una exuberante vegetación digna de admirar por horas. Algo similar sucede con la calidez y amabilidad de sus residentes. 

El cambio abrupto que hay entre la metrópolis de La Paz y el ingreso a las Yungas me hizo presenciar que estaba ingresando a un lugar del cual iba a quedar encantado. 

Coroico, Bolivia

Si me preguntan sobre algún lugar económico y cálido para dormir, recomendaría “El Gekko”. Aprovecho para contar que (como muchos campings y hostels) cuenta con voluntariado disponible para que trabajando pocas horas por día, uno ahorre su comida y hospedaje, para así abaratar costos.

La vista al famoso “Camino de la Muerte”, el cual recomiendo muchísimo hacer tanto en bicicleta como caminando, hacen este camping aún más asombroso de lo que ya lo es. 

Calzo mi mochila y emprendo caminata por las calles coloniales. Son poco transitadas, pero si habitadas, por esta gente tan amable. Se saluda a un promedio de una persona por paso..

Primera caminata, las Cascadas Jalancha (última cascada de un recorrido de 3 de ellas). Un camino ameno y esplendoroso te lleva por ripio hacia un lugar escondido que vale cada porción de tierra o piedrita que te ingresa en la zapatilla. Tanto la ida como la vuelta se pueden hacer a dedo, caminando o alquilando un transporte.

Del mismo camino se van desprendiendo brazos que te llevan a cada cascada. La última es enorme y muy divertida, ideal para meterse y descansar antes de comenzar la vuelta.

Coroico, Bolivia

La excelencia de este lugar es la diversidad, me sorprendí de la cantidad de extranjeros que llegaban, incluso más que los mismos latinos. Mi día a día era acompañado por una alemana, dos chilenos, una letona, un indonesio y dos franceses. Diversidad cultural era algo que sobraba y era digno de disfrutar también. A medida que transcurrían las charlas se hacían, además de amenas, más y más cautivadoras.  

Otro gran punto de interés son las cascadas de Río Negro, y el famoso “Hogar Escondido”, antecedido por un largo caminar de ripio y curvas sinuosas. Hacen que pensamientos como “¿Éste es el camino?” o “¿Estás seguro que vamos bien?” te trastoquen la cabeza y te hagan titubear ante esa inmensidad por la cual estás transitando. Pero créanme que la llegada hace valer cada paso que das hasta el cansancio.

Coroico, Bolivia

Llegamos a un río resonante e inmenso, acompañado de hermosa vegetación y una “casita” abandonada, el “Hogar Escondido”. Llevamos frutas y agua para quedarnos ahí un buen rato y pasearnos por ese hermoso lugar, que te mostraba un total de 3 cascadas ocultas entre los árboles. Tal era así que una de ellas podía alcanzarse sólo nadando. Por momentos volvés a sentir esa niñez extrovertida de querer meterte nadando, saltar hacia lugares donde jamás estuviste, ni sabes que hay. Sentir la sensación del agua chocando contra tu frente o el pasto rozando tus rodillas raspadas. 

Creyendo que ya lo había visto todo, llego y le pregunto a Fer (dueño del camping) si habría algo más para hacer antes de emprender el viaje hacia otro destino. Me comenta que el Camino de la Muerte podía hacerse caminando (mi intención era no gastar tanto dinero). Confiando plenamente en él, emprendí camino hacia allí, si bien es muy cansador, vale cada segundo. Caminar por esa cornisa tan famosa y a la vez tan imponente te genera una mezcla de goce y adrenalina que es digna de vivir.

Coroico, Bolivia

 

La plaza del pueblo es otro lugar hermoso para visitar, puesto que está siempre repleta de buenas vibras, gente paseando. Solo es cuestión de tiempo, de sentarme con mi guitarra y mis amigos a tocar, para que se acerquen residentes y generar una hermosa charla que dure más que cualquier puesta de sol. 

Junto con su terminal hay un lugar bonito de admirar. Su famosa cancha de fútbol, ubicada en la cornisa de la montaña como si estuviera flotando.

Así nos fuimos despidiendo de nuestras amistades fugaces, que (como las de cada viaje) van a tener una extensa duración. La relación que se forja es tan inmediata como la nutritiva charla que teníamos cada mañana al compartir el desayuno. O como cada ocaso, cuando nos sentábamos en el regazo de la montaña a mirar la de enfrente, a tocar la guitarra y compartir canciones de dudosas procedencias.    

Foto de Bruno Delmoro

Más que por todos los lugares y caminatas que hay para disfrutar, recomiendo Coroico por hacerme sentir como en casa en cada momento. Por remontarme también al pueblo donde nací, donde no me alcanzaban los saludos por cada cuadra que recorría del mismo, abundan las sonrisas y los «buenos días» de cada persona que te cruzaba en la calle.

Bruno.

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