Crónicas de un viaje al Noroeste Argentino

 

Crónicas de un viaje

Por Emiliano Silva especial para Revista Latitud

A continuación, les dejo las vivencias compartidas con mi compañera de vida a lo largo de nuestro viaje al norte argentino.

Cada capítulo contará la historia de un día diferente.

Al final de cada capítulo, verán una breve opinión, la cual no deja de ser subjetiva y en base a la experiencia que tuvimos, por lo cual, si estás organizando un viaje, no dejes de leer otras opiniones para decidir frenar, hacer noche o seguir de largo en cada punto de interés.

Capítulo 0

Parte I

Esta es la historia de nuestro viaje, y como cualquier otro, comienza antes de hacerlo. Una charla entre amigos en un bar, una familia que planifica junto a sus hijos en la cena, conocidos que a la distancia planifican reencontrarse en un punto dado; todos comienzan su viaje cuando deciden hacerlo. En nuestro caso, una charla en el auto, afuera de la casa de ella, y unas ganas de hacer un viaje sólo nosotros dos.

Dos fueron los destinos posibles: el sur, desconocido por ella y el norte desconocido por quien les escribe. Ambos paisajes hermosos, pero por cuestiones económicas, nuestro viaje, ese día, había comenzado rumbo al NOA.

Parte II

Una vez fijado el rumbo, y decididos los destinos (lo cual requirió de investigación y cálculos dado que sólo teníamos 12 días) sólo quedaba preparar el auto y el cuerpo para hacer los primeros 1.134 km de viaje. Para eso, mis habilidades en el Tetris, hicieron posibles que todo entrara milimétricamente en el auto, asegurando que nada quedara móvil y sin impedir la visibilidad ni la comodidad de ninguno de los dos.

Unas milanesas al taper y a dormir una buena siesta que me permitiera viajar 13 horas sin dormirme. Con lo que no contaba es que terminaríamos saliendo una hora más tarde por quedarme dormido.

Capítulo I (Chacabuco – Tucumán)

Luego de la siesta y de llegar a buscar tarde a mi novia, por fin comenzamos a transitar los kilómetros hacia esos destinos que comenzamos a fijar hacía casi un año.
Un camino por dentro de la provincia de Buenos Aires bastante deteriorado, pero que nos permitió pasar por Rosario de madrugada. Una autopista hermosa y aburrida hasta que las luces de los truenos comenzaron a adornar la noche, seguida de una tormenta que hizo más lenta y entretenida la travesía. Una estación de servicio muy linda en las cercanías a Córdoba.

Una variedad de paisajes que transcurrían a medida que pasaban los kilómetros. Unos mates infaltables para un viaje de tantas horas.

Unas plantas para comer los sanguchitos de milanesas en Frías. Un temporal que no permitía ver más allá que un par de metros, tirando plantas y tapando banquinas a las afueras de Tucumán. Todo eso nos depararía el destino en nuestro primer día de viaje.

Para nuestra sorpresa, una vez entrados a Tucumán, y luego de recorrer varios hosteles hasta elegir uno, la suerte se puso de nuestro lado y el clima nos regaló un sol espléndido que nos permitió ir caminando a la tan famosa casita de Tucumán. Parada obligatoria para los amantes de la historia.

Salón dónde se firmó la independencia – Casa de Tucumán
Salón dónde se firmó la independencia – Casa de Tucumán

Mención especial para las paredes escritas recordando el rol de la mujer en aquella época. Una vez terminado el recorrido, decidimos descansar en uno de los bancos que posee su patio y definir qué haríamos el resto del día.
Un poco por cansancio y otro poco también, decidimos recorrer el centro de la ciudad, tomar unos mates, una cerveza y volver al hostel para cenar y dormir luego de un día agotador.

Opinión: la casa donde se firmó la independencia es un lugar único, pero es a lo único que me gustó de la ciudad (vale aclarar que tampoco recorrimos mucho) y nos sirvió para recargar energías.

Capítulo II (Tucumán – Cafayate)

Luego de una noche de sueño profundo (perdón a los de la habitación por los ronquidos), una ducha rápida para mover el auto de donde estaba estacionado (supuestamente a partir de las 6 a.m. estaba prohibido estacionarlo dónde estaba), un desayuno para recargar todas las energías posibles y llenar el termo para el mate, arrancamos ruta nuevamente.

Tafí del Valle era nuestro siguiente punto marcado en el mapa, pero la ruta hacia allá nos distrajo con su increíble vegetación a medida que íbamos subiendo la montaña.

Un mirador nos permitió frenar a contemplar lo maravillosa que es la naturaleza y cómo este viaje nos empezaba a permitir sacar fotos a paisajes que nunca antes había visto.

Una vez pasado el pico, como por arte de magia (o la biología combinada con la geografía y la física), el paisaje fue totalmente otro. La enorme vegetación y humedad fueron reemplazados por un clima más seco y con casi nula vegetación.

Pasaron los kilómetros y llegamos a un lago entre El Mollar y Tafí del Valle, perfecto para comer algo y seguir. Revisando las notas impresas antes de salir de viaje, nos percatamos que estábamos cerca del Mirador del Cóndor por lo que decidimos ir.
Ahí fue nuestro primer contacto visual con el precipicio.

Un camino estrecho nos permitiría llegar uno de los puntos fuertes de esta travesía. Aquellos que se deslumbran al ver paisajes en las películas, deben visitar este mirador. Perfecto para tomar mates, sacar postales memorables y perderse en esas verdes colinas.

Vista desde el Mirador del Cóndor – Ruta 325 – Las Carreras – Tucumán
Vista desde el Mirador del Cóndor – Ruta 325 – Las Carreras – Tucumán

Para nuestra suerte, seguir el camino fue más fácil o, mejor dicho, el camino se hizo más ancho por lo que todos los nerviosismos que pasamos subiendo, desaparecieron al bajar.

Como la ciudad de Tafí del Valle no nos despertó ganas de hacer noche, y siendo que todavía quedaba mucha luz del día, decidimos seguir viaje.

Continuando kilómetros, mientras íbamos viendo como la ciudad pegada al lago cada vez quedaban más chiquitas, fuimos adentrándonos a curvar que nos iban develando paisajes imposibles de imaginar para los que vivimos en la llanura pampeana.

Es por eso que en cada curva que podía, me ganaba la necesidad de sacar una foto, ya que cada una dejaba entrever un ángulo distinto.

Así, entre curva y curva y entre foto y foto, se nos fue bajando el sol y tuvimos que saltear las Ruinas de Quilmes para poder llegar a descansar a Cafayate.

Una vez ahí, decidimos acampar en el camping municipal de la susodicha ciudad. Precios casi tan increíbles como el paisaje que nos regalaba parecían provenientes de un sueño. Sólo quedaba armar la carpa, tomar unos mates y contemplar el regalo de la naturaleza hasta la hora de cenar.

Vista desde el Camping Municipal de Cafayate
Vista desde el Camping Municipal de Cafayate

Opinión: vayan lento, disfruten cada kilómetro, conozcan el Mirador del Águila y no se frenen en cada curva, porque paisajes mejores se encuentran a partir del capítulo III.

Si van en carpa no duden en acampar en el camping municipal, tiene un clima familiar, agua caliente para los que se avivan de abrir la canilla derecha y un paisaje que los va a enamorar. Todo eso a un precio que los va a hacer dudar, pero es real.

Capítulo III (Cafayate – Cachi)

Parte I

Existen dos formas de llegar a Cachi desde Cafayate, siguiendo la ruta 40 o yendo por la 68 y retomando por la Cuesta del Obispo.

Para poder conocer La Quebrada de las Conchas, El Anfiteatro y La Garganta del Diablo, optamos por el segundo camino.
Impactantes, Indescriptibles, Únicos, Tres destinos obligatorios. Lugares en dónde la naturaleza sacó su lado más escultor y talló en la piedra colorada todo su poder.

Garganta del Diablo – Ruta 68 – Salta
Garganta del Diablo – Ruta 68 – Salta

En el anfiteatro, como si fuera un capricho del ser humano, músicos increíbles exponían su arte frente a la mirada de un público al que se veía disfrutar tanto de la naturaleza como del arte. Pero le costaba llevar su mano al bolsillo para sacar alguna moneda.

Siguiendo viaje nos topamos un pedazo de ruta que quedó devastado por la fuerza de la Pachamama. Para nuestra sorpresa, allí es donde se encontraba el famoso puente en el cual se filmaba años atrás Relatos Salvajes.
Después de varias fotos, un poco por el paisaje formado y otro poco por nuestro fanatismo por la película, seguimos viaje para encontrar un lugar dónde comer.

Empanadas salteñas recorrían nuestro paladar hambriento en un restaurante al costado de la ruta, con mesas debajo de unas plantas que nos daban un respiro del sol, hacían que pudiéramos relajarnos y recargáramos energías para poder seguir. El precio, como todo en el norte, muy bajo.

parte II

Con las panzas llenas y el espíritu renacido continuamos camino a través de la Cuesta del Obispo, una de los caminos más maravillosos, impactantes y vertiginosos de esta travesía. Las curvas cerradas y los precipicios pegados a la ruta y las nubes bajas no fueron impedimento para no poder disfrutar del paisaje. Claro, no fue un impedimento hasta que nos encontramos dentro de una nube. Jamás me imaginé manejar en una nube, pero, como para todo, siempre hay una primera vez.

Por suerte, y gracias a manejar siendo precavido, pudimos llegar a Cachi. Un pueblo con un estilo colonial muy pintoresco, muy turístico y un camping más económico y lindo que el de Cafayate. Aunque sin una vista tan impactante.

Luego de un largo día de andar en auto, decidimos que lo mejor era ir a cenar a una peña. Allí el vino y, nuevamente, empanadas fueron acompañados por un músico talentoso que cantaba canciones típicas de la zona.

Puente dónde se filmó Relatos Salvajes – Ruta 68 – Salta
Puente dónde se filmó Relatos Salvajes – Ruta 68 – Salta

Opinión: imposible no conocer La Quebrada de las Conchas, El Anfiteatro y La Garganta del Diablo. Además, la ruta de la Cuesta del Obispo los va a dejar con la boca abierta con su trazado vertiginoso y su impactante paisaje. Por último, Cachi, su peña y su camping municipal son una combinación excelente para terminar el día de la mejor manera.

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