Expedición a la mujer dormida; El Volcán Iztaccihuatl

Expedición a la mujer dormida; El Volcán Iztaccihuatl

Por Jimena Melcon especial para Revista Latitud

El grito del despertador nos obligó a abrir rápidamente los ojos; eran las 4:30 de la mañana, el sol aún no iluminaba el cielo. Sin embargo, despertamos con la peculiar energía que nos caracteriza cuando sabemos que nos espera la montaña.

No tardamos demasiado en vestirnos, calzarnos las botas de caminata y preparar las mochilas para lo que sería nuestro primer acercamiento al imponente volcán Iztaccihuatl; la tercera montaña más alta de México, únicamente superada por el Pico de Orizaba y su vecino, el Volcán Popocatépetl.

Luego de unas frutas del desayuno caminamos hacia el punto de encuentro, donde Félix nos esperaba con su flamante camioneta blanca. Dentro de ella estaba también Luis, junto al resto de los guías y compañeros de caminata.

mexico

El sol permanecía escondido, mientras avanzábamos por la carretera delgada y oscura. Una cubierta gris de nubes entrometidas, impedían que pudiéramos ver a los protagonistas de la jornada, ambos picos; el Popocatépetl y el Iztaccihuatl, se cubrían tímidamente de nuestras miradas. La expectativa aumentaba a medida que nos acercábamos al punto donde comenzaríamos el ascenso.

«El volcán parecía negarse a ser fotografiado, su aura misteriosa envolvía todo de gris»

Llegando al Parque Nacional que protege esta zona, realizamos el debido registro y avanzando por una carretera agreste y rodeada de pinos, estábamos cada vez más cerca del punto de partida. El volcán parecía negarse a ser fotografiado, su aura misteriosa envolvía todo de gris, impidiendonos ver más allá de la frondosa capa de árboles y arbustos que bordeaban el camino. Unos intrépidos rayos de sol se filtraban en el cielo – y si estábamos atentos – podíamos ver el pico nevado que se erguía orgulloso decorando el paisaje.

volcán Iztaccihuatl

Pocas son las cosas que nos emocionan tanto como la montaña; el aire fresco, las impresionantes vistas, el poder de la naturaleza en su máxima expresión y el sentimiento de ser parte de esa maravilla. El primer paso antes de comenzar a caminar, fue pedir permiso al ancestral espíritu de la montaña, pedir por un ascenso seguro, tranquilo y disfrutar de todo su poder. Este simple, pero valioso acto, nos hizo saber que estábamos caminando con el grupo correcto, guías que respetan y entienden el poder de la naturaleza.

Con el permiso concedido, empezaba la aventura; mochila asegurada, abrigo suficiente y… ¡A caminar!

A los casi 4.000 msnm, se sentía más cada paso, por fortuna nuestro estado físico es bueno, solo bastaba con controlar la respiración y ascender de manera lenta pero continua, tampoco estaba de más, detenerse a beber un poco de agua, mientras la majestuosidad del lugar nos deleitaba; una belleza que no podía ser opacada por las nubes traviesas que cubrían la montaña. 

El camino jugaba entre pendientes, rocas y bajadas resbaladizas, que nos obligaban a mantenernos atentos y así evitar cualquier caída;

– La belleza de estos robustos volcanes es inmensa.-

Con su actividad sísmica, han modificado el entorno a su antojo con el mejor de los gustos; laderas verdes que se combinan a la perfección con valles y pendientes elevadas, cerros zigzagueantes que esconden bosques de pinos y cúmulos de agua transformada en hielo.

volcán mexico

La caminata se desarrollaba tranquila, entre risas, suspiros e historias contadas por algún valiente que conservaba mejor el aliento, permitiéndonos de vez en cuando, encontrar nuestra mirada con la cima blanca del Iztaccihuatl, que nos tenía guardada una sorpresa. Luego de unas horas de ascenso, nuestras compañeras inseparables, las nubes, decidieron que era momento de arrojar sobre los aventureros las primeras gotas de lluvia del día, las cuales serían constantes y cada vez en mayor cantidad. 

Nuestros guías que conocen el camino a la perfección, decidieron que era momento de descender, y emprender el regreso, ya que por las condiciones del clima, comenzaba a tornarse más peligroso el sendero.

No estábamos en cualquier montaña y lo sabíamos

A esta altura, optamos por utilizar ropa o elementos impermeables, para apaciguar el golpe de las gotas de lluvia que caían sobre nosotros y así cubrirnos de las inclemencias climáticas. El frío se hizo más poderoso, empezando a notarse en las manos y rostros enrojecidos.

El camino de retorno parecía otro; las rocas eran resbaladizas e inseguras, la tierra mojada invitaba a las caídas durante la bajada, todo estaba aún más gris y encapotado de neblina. A pesar de la lluvia, nos detenemos unos instantes a contemplar por última vez el paisaje majestuoso que nos rodea. Agradecemos cada gota de agua que caía sobre las faldas de la montaña, siendo conscientes de la importancia de ellas para la continuidad de la vida.

Veíamos el vapor que salía de nuestra nariz al respirar, indicándonos que la temperatura bajaba rápidamente; la ropa humedecida nos obligaba a acelerar el paso y avanzar para calentar el cuerpo con el movimiento. Mientras tanto nuestros guías permanecían atentos a las necesidades del grupo, algo que sucedió durante toda la expedición.

volcán Iztaccihuatl

Restando unos minutos para llegar al punto de donde habíamos salido, se veía a lo lejos, la camioneta blanca de Félix que nos esperaba como un refugio acogedor y seguro.

Esta vez, la cumbre no se nos presentó como una posibilidad, sin embargo la experiencia vivida en este rincón de la tierra la llevamos en nuestra memoria. El regreso a la ciudad transcurrió apacible; con los pies mojados pero con el alma feliz por haber estado tan cerca de aquel coloso de roca que se luce en la región de Puebla. Lejos de sentir frustración por no lograr ascender lo deseado, tomamos esto como una invitación a regresar. La próxima será una nueva oportunidad de encontrarnos frente a frente con el poder implacable del volcán.

«Lejos de sentir frustración tomamos esto como una invitación a regresar»

Agradecemos a Trotamundos Puebla, que con su experiencia y compromiso nos permitieron vivir una experiencia inolvidable y a Félix de la empresa Maxitour, que nos transportó de manera segura y cómoda a nuestra aventura.

El volcán Iztaccihuatl se encuentra ubicado en los límites del estado de Puebla y México, en el centro del país; para ascender se necesita de la compañía de guías especializados, ya que se trata de alta montaña.

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