Improvisados de Campamento

Improvisados de Campamento

Por Matías J. Bossié especial para Revista Latitud

  Cuando surgió la posibilidad de combinar mi viaje familiar con el de mis amigos que venían de visita desde Estados Unidos, más el de un amigo que se tomaría el fin de semana largo, el grupo de Whatsapp explotó en mensajes.
Y es que la idea de irnos de campamento los cuatro sonaba muy bien, para terminar el verano de la mejor forma posible. Yo venía de darle la vuelta al mundo en un largo viaje de catorce meses y estaba deseoso de seguir viajando. Sabía que hacerlo con ellos sería sin dudas inolvidable.

  Nuestros amigos llegaron desde Estados Unidos para visitar a la familia y conocer parte de nuestra bella Patagonia. Sin duda venían equipados de manera óptima para sortear las bajas temperaturas de la montaña, aunque sea pleno verano, y dormir en un piso. Eze y yo no estábamos jugando en las mismas condiciones, pero nos animabamos igual. Yo todavía temía sobre el hecho de aún recordar cómo se armaba una carpa, una carpa que aún no poseíamos y algún amigo de seguro nos prestaría.

Decidimos que lo mejor sería pasar las noches en una cabaña dentro del mismo camping en El Bolsón y dejar el tema campamento para nuestros amigos que estaban más que cancheros. Pero dentro de tanta desorganización y planes de último momento las fechas se nos pasaron por alto, la ciudad reventaba de personas por cada esquina. ¡HASTA EN EL PREDIO DEL AERÓDROMO ARMARON CARPAS!, y conseguir un lugar donde dormir se ponía cada vez más difícil.

  La fiesta de la cosecha del Lúpulo estaba por comenzar, ¡y la convocatoria fue más que satisfactoria! ¿Será que algo nos decía que un mes después comenzaría un eterno aislamiento? ¿O simplemente somos fanáticos de los festivales y nuestro espíritu por compartir nos llevan de acá para allá donde haya diversión?. Ahí estaban todos, familias, amigos, parejas, nadie se quería perder tremenda celebración que hasta hizo poner a bailar a todos en la primera noche al ritmo de Ráfaga.

Improvisados de Campamento
Improvisados de Campamento por Matías J. Bossié

  Y ahí estábamos nosotros también, los improvisados de campamento, en un camping a 45 minutos de la ciudad, lo único que quedaba disponible, donde parecía que el tiempo se había detenido.
El lugar que elegimos para desconectarnos del mundo nos permitió dejar de lado los celulares para solo usarlos de vez en cuando como linternas. Esa noche estaba garantizada, habíamos reservado una cabaña de último momento. Pasadas las diez de la noche llegamos en la plena oscuridad para prender un fuego y asar la primera cena.

Los lugareños eran tal cual lo creímos, serviciales, dispuestos a ayudarnos y a hacernos sentir como en casa. Agotamos la leña y nos fuimos al río que no paraba de sonar, lo teníamos a escasos metros del fogón y yo hacía tiempo no veía un cielo tan estrellado con una luna tan brillante. Me transmitía paz, mucha paz.

  Recordaba esos años de campamento del secundario recorriendo Argentina y todo lo que eso implicaba, me aclimaté enseguida a las reglas del camping. Cuestiones como tener que caminar hasta el baño para lavarme los dientes o a respetar el horario de descanso de los demás huéspedes, que dormían detrás de esas telas tan permeables a cualquier sonido.

  El frío de la mañana, volver a prender el fuego para preparar el desayuno y planificar ese día, en el que toda nuestra preocupación pasaba por saber en donde dormiriamos aquella noche, no me preocupaba mucho de verdad. Me había hecho la idea de tener que dormir bajo las estrellas sobre un piso de rocas. ¿qué más daba? Estaba en uno de los lugares más lindos de Argentina y con mis amigos, en esa escueta visita de algunos meses en la que decidí dejar de recorrer el mundo para reencontrarme con los míos… dónde dormir, pasaba a ser un problema menor.

Improvisados de Campamento
Improvisados de Campamento por Matías J. Bossié

  Llamados por acá y por allá, amigos de amigos de conocidos y la tan preciada carpa en alguna casa de la ciudad esperando por nosotros. Los remises estaban colapsados por el festival y caminar hasta la ciudad parecía la opción más rápida. Pocos eran los autos y camionetas que surcaban esos caminos de tierra seca deseosas de una lluvia.

Hacer dedo y ser obviado era saber que una nube de polvo nos cubriría y que deberíamos respirar dentro de las remeras unos minutos para no ahogarnos. Pero no perdíamos la esperanza, y una camioneta que estaba más perdida que nosotros nos alcanzó para llevarnos, a cambio de ser sus guías por un rato hasta llegar a la cabeza del indio. El mediodía nos encontró de nuevo en esa ciudad atestada de gente, llena de foodtrucks y obviamente cerveza artesanal por doquier.

  — ¡Nos encontramos en la YPF chicos! Les llevamos la carpa hasta ahí, no es ninguna molestia–, la empatía de esas personas no tenía ningún adjetivo calificativo conocido. Nuestra noche estaba casi asegurada, al menos no nos caería el rocío de la noche encima. Triunfantes volvimos al camping con la cena y el desayuno de la siguiente mañana, nos sentíamos iluminados en aquella ciudad donde parecía que no habría espacio para una mosca más. Lograr armar la carpa nos hizo ir sumando puntos en esa especie de reality show de “Los sobrevivientes” que nos habíamos inventado.

Improvisados de Campamento
Improvisados de Campamento por Matías J. Bossié

  Si por algo se caracteriza El Bolsón, además de por sus bellísimos afluentes de agua helada y cristalina, es por sus trekkings, sus refugios en el medio de la montaña, y por los visitantes que llegan de todo el mundo.

Nuestros amigos venían de cumplir records escalando el Fitz Roy. Nosotros dos, tan improvisados que apenas recordábamos cuando había sido la última vez que habíamos corrido un colectivo para no perderlo. Los mil metros en ascenso y las siete horas de caminata nos desafiaron. Con un excelente tiempo llegamos hasta el mirador del Raquel, justo antes de alcanzar el refugio del Hielo Azul, destino que preferimos dejar para otros viajeros.

Aquella noche volvimos al camping, volvimos a prender el fuego, y volvimos a recordar por décima vez todas esas aventuras compartidas a lo largo de catorce años de amistad. Aquellos años en los que vivíamos viajando por Argentina y el mundo, sumando experiencias juntos a lo largo y ancho del globo. Ya planificando el viaje que iniciaríamos de nuevo, los cuatro juntos pocas semanas antes de que nuestros amigos vuelvan a su hogar en Norteamérica, Mendoza, y su tan esperada vendimia…

Matías J. Bossié.

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