JERI, DE BOA (Jericoacoara)

JERI, DE BOA (Jericoacoara)

Por Raul Quiñonez especial para Revista Latitud

Bañada por varios kilómetros de costa marítima, de aguas poco profundas, cristalinas, de oleaje suave y con temperatura del agua cercana a los 23 grados, Jericoacoara, es un sitio idílico digno de ser visitado y disfrutado.

Ubicado en el Estado de Ceará, Brasil, el Parque Nacional Jericoacoara, alberga uno de los sitios de dunas y todavía tupida vegetación en esa región. Hablamos de 8,850 hectáreas de una arena blanca, matizada solo por el verde de la abundante vegetación, aunque no en altura, sino que fuertemente entrelazada por raíces, troncos y hojas de arbustos de mediana altura.

No había oído hablar de este lugar, sino por nativos de Ceará. Lo cual nos llevó a mí y otro amigo a explorar y lanzarnos a ver, que tan bueno como nos pintaron era. Y no nos equivocamos al decidir visitarlo. En 1987, el prestigioso periódico norteamericano The Washington Post definió a Jeri, como cariñosamente lo llaman todos, como una de las 10 mejores playas del mundo.

JERI, DE BOA

Y bueno, desde ahí en adelante, ya saben, la pequeña villa de pescadores fue atrayendo cada vez más el interés y curiosidad por conocer la playa, convirtiendo al pequeño poblado en una villa más grande con capacidad de atraer turistas. Pero tranquilo, que esto no impidió que persistan restricciones, que hicieron que, hasta la fecha, el pueblo sea pequeño: las construcciones no pueden tener más de un piso y lo más interesante, no se permite el uso de automóviles. De manera que cuando camines con tus chinelas por las estrechas calles de arena, nadie te molestará, ni bocinazos escucharás.

El Parque está a 280 kilómetros de Fortaleza, la capital del Estado. De manera que unos días ahí es una parada estratégica, aunque existen servicios de traslado directo desde el Aeropuerto a Jeri.

 

Fortaleza

Ya en Fortaleza, por la misma costanera encontrarás guías autorizados que te venden el transfer ida y vuelta a un precio accesible y si todavía no tienes reserva de hotel, también lo puedes hacer con ellos. El costo del transfer ida y vuelta son como 120 reales, algo así como 25 dólares. Nosotros acostumbrados a tener ya las reservas de dónde dormir de antemano, teníamos el hotel reservado frente a la playa.

Pero volvamos a Fortaleza. Esta ciudad no es un destino turístico muy buscado o frecuentado, frente a otras ciudades del nordeste brasileño. Quizás porque sus playas del centro no son buenas para tomar baño. Fortaleza es, como una cabecera de playa desde donde puedes moverte hacia distintas playas y pueblos costeros de Ceará. 

JERI, DE BOA

Si queres hacer playa en Fortaleza, lo recomendable es ir hacia las afueras de la misma. Siempre en Uber, en dirección sur existen playas muy bonitas e inclusive algunas con bares en la playa donde puedes encontrar esas tumbonas enormes para descansar y deleitarte con música chill out y beberte unas caipiriñas para deleite de quienes buscan tragos azucarados con frutas de esa región.  Eso sí, el azúcar es traicionera cuando se junta con el alcohol!!!!!

Existen excursiones que salen de Fortaleza y van a Jeri ida y vuelta en el mismo dia. Pero desde mi humilde opinión no son recomendables. Viajar casi 600km en un día, para apenas ver algunos de los atractivos del Parque no vale la pena.

Si querés vivir, no sólo la playa, sino el parque en sí, la noche y la atmósfera cool de Jeri debes quedarte una noche, como mínimo. Hay mucho por descubrir en el centrinho del pueblo.

Jeri

Pero vayamos por parte. Los transfer llegan hasta casi la entrada del parque, en una pequeña ciudad que se llama Jijoca. Ahí se hace un cambio a camionetas 4×4 aptas para atravesar  los caminos de arena blanca y las dunas, atracción por excelencia del parque. Al contratar los servicios debe asegurarse que incluya el transfer en las 4×4 por que no hay otra forma de llegar a Jeri. Por lo general está incluido en el precio al contratar los servicios en Fortaleza. Las agencias locales cubren todo. A no desesperar.

Una vez instalados en el hotel, posadas o albergues (hay para todos los gustos y precios), lo que convoca a todos es la playa. En la costa y pegada a la villa de Jeri, existe una duna enorme de quizás 4 o 5 metros de altura que choca contra el mar, convirtiéndola como si fuera un acantilado.

La arena blanca y suave invita a atravesarla y bañarse en ella. Es que literalmente se bañarán de arena, pues el viento en la altura, hace que se levante mucha arena y se formen remolinos según la dirección del viento.  Recomendable ir con lentes de sol, para proteger los ojos.

En el Nordeste el atardecer es relativamente temprano y el espectáculo más encantador de todo el viaje es justamente, ver la puesta del sol desde la duna de Jeri. Desde las 4 de la tarde la gente ya se convoca, cual procesión de santo a la subida de la duna, trabajo que no es fácil, pues las piernas en cada paso se sumergen, cual terreno fangoso, en la suavidad profunda de la arena. Y bue… desde ahí en adelante todo se reduce a la observación de los colores que se van dibujando en el horizonte a medida que el sol en la línea del horizonte comienza su ocaso en el mar. 

JERI, DE BOA

Girando a tu alrededor tenés una visión en 360 grados de todo lo que va ocurriendo, en esa acuarela de colores, la mayoría de las veces bastante clara y brillosa por la conjunción casi astral de arena y rayos de sol. Esa claridad cuasi enceguecedora se ve matizada por la aparición de algunas nubes, que en su tránsito por la playa la oscurecen o la hacen brillar, mientras los peregrinos de esa tarde, que no son pocos, se toman fotos y otros más místicos hacen yoga. 

El momento más esperado es la entrada del sol. El inicio de su ausencia se devela cuando el brillo de la arena blanca se opaca y se traslada al mar en dirección recta al sol.  Para las 17 o 17:30 hs la celebración llama a su fin y con tanta arena pegada a la piel, el agua templada del mar es la mejor excusa para refrescarse y limpiarse. 

El día

Durante el día, existen excursiones que salen temprano para visitar diferentes atractivos que tiene el Parque. Existen variadas opciones de transporte, desde caballos por la playa, buggies para hasta tres personas con o sin chofer o jeeps descapotables para más personas. Es interesante mencionar que no todos los caminos están señalizados, por lo que es recomendable moverse con guía o un chofer, para no perderse en el Parque.

Si bien todas las excursiones tienen su costo y se pueden contratar desde el hotel o desde las agencias, no me ha parecido que valga la pena gastar todo un día dando vueltas por el parque.

Nosotros tomamos uno de día entero y la verdad nos cansó.  Si bien hay imágenes imborrables que uno ve en el trayecto, lo más rescatable son las lagunas de agua dulce que se forman entre las dunas. Y en ese proceso del viaje la Lagoa do Paraíso es la que más se destaca en imágenes, pues su costa está acompañada de las famosas hamacas, para recostarse y sentir el agua a la altura de la espalda. Muy relajante, pero no creo que sea lo mejor para ver en Jeri.

Además, existen solo dos restaurantes en el lugar y los precios son un poco excesivos. Lo recomendable es alquilar un buggie con chofer que te lleve por dos horas a recorrer la costa marítima, con la visita a Pedra Furada y otras lagunas que son más pequeñas, pero muchos más agrestes y auténticas, con pequeñas barracas de paja y madera para beber una cervezinha o hacer kayak, para quienes gusten ese deporte. Y sí, hay para todos los gustos.

JERI, DE BOA

La noche

Lo último por descubrir es la noche. La plaza de Jeri es el epicentro de la vida nocturna. En los días que estuvimos, todas las noches hay conciertos de música en vivo ofrecidos para los turistas, cuyas lenguas de vaya a saber que parte del mundo, se escuchan al pasar. En sus alrededores existen para elegir bares, restaurantes, cafés y puestos de comida callejera donde el fresco pescado hace de las suyas para deleitar diferentes gustos y presupuestos.

Para quienes quieran conocer más la cultura cearense, existen bares con música en vivo de forro, la música tradicional por excelencia de esa región.

 Finalmente, mención aparte merece el Jeri Café. Es una discoteca, parece que la única en Jeri, en la azotea de una amplia casona, desde donde se puede ver también el atardecer con vista al mar. La música predominante es electrónica. En una de las esquinas, existe como una pequeña atalaya, desde músicos acompañan con instrumentos musicales los sonidos electrónicos que suenan por los parlantes, en tanto que bailarines deleitan por sus habilidades gimnásticas.

En fin, fue un viaje que valió ampliamente la pena. Jeri y su mundillo callejero, su playa ancha y de aguas claras y sus dunas, mueven a evocar una sensación de amplia distensión y libertad. Por algo será quizás, que Ceará, fue el primer estado del Brasil que abolió la esclavitud.

El autor: Raul Quiñonez

Es paraguayo y recuerda en el tiempo que su pasión por los viajes nació cuando tenía 5 años y su familia emigró a la Argentina en una camioneta Volkswagen doble cabina verde. Posteriormente, Julio Verne abriría su mente para lo que vendría. Lleva casi 50 países visitados.

 

Comentarios

  1. Lenguaje coloquial y clara explicación que dan ganas de conocer esos lugares del Brasil.
    Artículos como estos despiertan la curiosidad y motivan al viajero

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