La Casa del Sol 

La Casa del Sol 

Por Marie Santa Cruz especial para Revista Latitud

La escultura habitable de un artista, viajero, expedicionario, que dejo su arte en los 5 continentes. 

Si te gustan tanto los atardeceres como a mí, este lugar te va a encantar. Se la conoce como la Casa del Sol, y creo que el nombre no puede ser más atinado. Estoy hablando de Casa Pueblo, un mágico lugar en Punta Ballena, Uruguay. 

Este lugar es el escenario perfecto por su ubicación para disfrutar de las mejores puestas de sol. Está a 13 km del famoso balneario Punta del Este, a aproximadamente 30 km de Montevideo, la capital uruguaya.

Por aquellos tiempos estaba viviendo en Uruguay, en Carmelo, una ciudad al oeste del país. Un día nos fuimos a recorrer las playas del este. Cuando estuvimos cerca sabía que era mi oportunidad para conocer la residencia y el arte de Carlos Páez Vilaró. Este pintor contemporáneo uruguayo me había cautivado cuando lo estudié en arte en la universidad. Supongo que teníamos algo en común, el amor a los atardeceres, ¡tenía que ir! Además me fascinaba la idea de ver su espacio que funcionó como su taller. Así que fuimos una mañana de mucho sol en pleno verano. 

La casa del sol

Hay lugares que nos definen, que calan hondo en nosotros y nos transforman. Transforman nuestra manera de ver las cosas. Yo tengo muchos de esos lugares. Pero hay lugares que son transformados por personas. Punta Ballena no sería lo que es sin la  Casa Pueblo de Páez Vilaró. 

Les comparto un poquito de la historia de este artista con infinidad de talento.  Un viajero de pura cepa que se dejó impresionar por el mundo y creó el suyo propio. 

Carlos Páez Vilaró nació un 1ro de noviembre de 1923, en la vibrante ciudad de Montevideo. Creció en un entorno artístico, por eso absorbió lo mejor de este mundo y luego lo reflejó en su prolífica carrera. En su juventud visitó Buenos Aires, donde residió por un tiempo y su amor por el arte fue creciendo. La noche porteña lo inspiraba. Dibujaba en las mesas de los bares escenas cotidianas de la vida nocturna. Es fácil creerlo, Buenos Aires es una ciudad con mucha mística. 

Volvió a Montevideo, y encontró una nueva fuente de inspiración : el candombe, el folklore uruguayo. Tuvo mucho contacto con familias afro descendientes que vivían en una casona antigua, conocida como “ Mediomundo”. Un conventillo habitado por muchas familias, fue el lugar indicado para conocer de cerca esta cultura y montar su primer atelier. 

La casa del sol

Apasionado por esta cultura decidió partir hacia Brasil para seguir indagando sobre el tema. La curiosidad siempre guió sus viajes y su vida. Este tema lo apasionaba verdaderamente y no podía para de retratar y de estudiar sobre las comunidades afro descendientes. Los próximos destinos lo llevaron a conocer el epicentro de esta cultura, así visitó Senegal, Liberia, Congo, Camerún, Nigeria. El arte africano caló hondo en su personalidad y se lo vio reflejado durante toda su carrera. 

Carlos, también visitó el viejo continente, que lo inspiró profundamente. En sus viajes conoció a Picasso, Dalí, De Chirico y Calder. Debo confesar que me gustaría haber tomado una copa con estos personajes. Cuando uno visita Casa Pueblo, puede visualizar esa influencia.

La casa del sol

A la vuelta de su viaje por Europa hacia el 1958 llega a Punta Ballena. Ese lugar lo cautivó, como lo hace con todos los que lo visitamos alguna vez. Decidió que ese era el lugar perfecto para su taller definitivo. También  se propuso reunir a interesados para formar una sociedad anónima y comprar esas hectáreas frente al Océano Atlántico. Esta escultura habitable, fue el refugio de todos esos objetos que trajo de sus viajes por el mundo. Fue el escenario de muchas reuniones de los más importantes artistas de la época. Recibió a infinidad de amigos que visitaban al artista desde todas partes. 

Esta obra que está abierta al público, le llevó más de  40 años a Páez Vilaró concluirla. También cuenta con un hotel que fue anexado para pasar unos días contemplando los atardeceres más lindos de la costa uruguaya. El museo de Casa Pueblo guarda muy bien y sabe transmitir el legado de este gran artista. Allí podrás ver sus esculturas, sus fotografías y pinturas. Hay una pequeña sala de cine donde podrás ver algunos cortos para entender más su obra. Un lugar al que volvería para seguir vibrando esa energía. 

La casa del sol

Carlos siguió viajando por Nueva York, donde también creó muchas obras con lo que encontraba en las calles y residió un tiempo. Continuó viajando, pero siempre volvía a Casa Pueblo. El último tramo de su vida lo pasó entre su hogar en Uruguay, su taller en Tigre Buenos Aires, y los Estados Unidos. Un verdadero viajero incansable, que dejó una joya arquitectónica al alcance de todos. Un lugar que es la síntesis de sus viajes por el mundo y su inconfundible talento.  

Y como buena viajera sé encontrar excusas para volver, y te cuento cual es mi pendiente de este lugar que tanto me impresionó. A la puesta de sol se realiza la ceremonia del sol. Donde mientras cae el sol se proyecta una grabación con la voz del artista relatando un poema a su amigo más antiguo: el sol. Buen programa para cerrar el día, ¿no? 

Marie.

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