Marruecos, un viaje hacia el Sahara

MARRUECOS, UN VIAJE HACIA EL DESIERTO DEL SAHARA

Por Vicky y Coni especial para Revista Latitud

Nuestra aventura comienza al aterrizar en la ciudad de Ouarzazate, conocida como la entrada hacia el desierto de Sahara. 

Al llegar nos encontramos con el famoso choque cultural. Comenzamos a sentir las miradas de los marroquíes hacia nosotras, lo que nos llevó unos tres días acostumbrarnos a que así sería y no tener miedo a la situación que se presentaba. Tuvimos que entender que éramos la novedad para ellos, por ser dos chicas caminando por tierras en donde no acostumbran a ver mujeres libres e independientes viajando. Igualmente nada iba a pasarnos, y así es como comienza nuestro viaje en esta hermosa ciudad llena de historia. 

Nuestro primer destino en Ouarzazate fue la Kasbah De Ait Benhaddou.  

Para llegar tomamos un taxi y viajamos aproximadamente 30 minutos por ruta sinuosa, pero con lindos paisajes que apreciar. 

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Kasbah De Taurit, Marruecos

Una vez allí, comenzamos a caminar por la ciudad fortificada, la cual fue declarada patrimonio de la humanidad. Caminando por el suelo árido, con un paisaje rodeado de palmerales nos acercábamos a la Kasbah. 

La ciudad está construida de adobe y barro, por lo que todo lo que lo rodea es de un color rojizo, lo que es muy distintivo del lugar y hermoso para sacar fotos muy originales y auténticas. El mejor momento del día para ir es al mediodía, para que el sol resalte los colores y tengan tiempo suficiente para recorrer.

Una vez dentro de la Kasbah De Ait Benhaddou no queda más que perderse en los laberintos de calles entre las que encontraremos puestos de artesanías, fósiles, vasijas, cueros, entre otras cosas. Fue una gran oportunidad también para sacar muchas fotos.

Al siguiente día decidimos caminar y recorrer la ciudad de Ouarzazate. Su arteria principal es la Avenida Mohamed V, llena de restaurantes, comercios y hoteles, el destino final era la Kasbah De Taurit

La Kasbah está dentro de una ciudad amurallada con grandes paredes de adobe. ¡¡¡Una vez adentro, nos perdimos en el laberinto de habitaciones!!!

 

Luego de 30 minutos de paseo por el interior, abandonamos la KASBAH DE TAURIT y cruzamos al zoco de artesanías de enfrente. Allí finalizamos el paseo, para descansar y al otro día comenzar el camino hacia el desierto.

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Kasbah De Taurit, Marruecos

CAMINO A MERZOUGA

Nos levantamos temprano y ya con las mochilas preparadas nos dirigimos a la terminal, para tomar el bus que nos llevaría a Merzouga.

Viajamos alrededor de 6 horas, recorriendo una distancia de 370 km por ruta sinuosa. Al llegar a Merzouga nos esperaba una familia que nos iba a hospedar por dos noches, con quienes haríamos la excursión al desierto y experimentaríamos en primera persona cómo es vivir con las costumbres propias del lugar, con una familia Bereber.

Esta fue una de las experiencias más lindas que tuvimos en Marruecos, nos sorprendimos gratamente con la hospitalidad, amabilidad, calidez de estas personas. Desde el primer momento nos hicieron sentir como dos integrantes más de la familia.

Entre ellos hablaban idioma Bereber y Árabe. Sólo los chicos, que eran los guías hacia el desierto, hablaban inglés, así que fueron los únicos con los que era posible la comunicación.

Nuestra primera sorpresa al llegar fue cuando nos mostraron donde dormiríamos, nunca imaginamos que sería en el piso, lógico igualmente pues así lo hacían ellos.

A la mañana siguiente con un poco de dolor de espalda, pero con ganas de seguir conociendo las costumbres y cultura, arrancamos el primer día en Merzouga. Dimos un paseo por el centro, viendo los mercados y caminando hacia una laguna escondida dentro de un lugar árido, en donde se podía ver a los camellos beber agua durante la mañana. Era un lugar abierto y de descanso, rodeado de flamencos, patos y algunos caballos. 

Laguna en Merzouga, Marruecos
Laguna en Merzouga, Marruecos

Realmente era un espacio único que no sabíamos que podía existir a tan pocos kilómetros del desierto. Aprovechamos para pasar el tiempo conversando con uno de los chicos de la familia, y aprendiendo sobre la cultura Bereber.

Al caer la tarde regresamos al hogar en donde nos esperaban con una comida típica, cotidiana para ellos pero totalmente nueva para nosotras. 

Una de las experiencias diferentes para nosotras era comer todo con la mano, ya que no es costumbre local el uso de cubiertos. La comida estaba siempre servida en una única fuente que se colocaba en el centro de una mesa a pocos centímetros del suelo. Se comía en ronda sentados sobre almohadones.

El pan casero, amasado todas las mañanas por las mujeres de la casa, era siempre el acompañamiento. 

El menú generalmente era verduras cocidas y un trozo de carne en el centro, para comer a lo último. El anfitrión lo cortaba con la mano y entregaba una porción a cada uno. 

Al final del día tomamos un baño con cubetas de agua previamente calentadas, y luego nos fuimos a dormir.

DÍA EN EL DESIERTO DE SAHARA

Emprendimos nuestro viaje hacia el desierto de Sahara en donde nos quedaríamos una noche para ver las estrellas.

El viaje comenzó con los dos guías de la familia, con quienes ya veníamos generando un vínculo amistoso desde el día anterior. Fue una experiencia totalmente diferente a lo que hubiese sido contratar un tour, que era un poco lo que buscábamos, y terminó superando ampliamente nuestras expectativas.

Marreucos
Desierto de Sahara, Marruecos

Desde la salida hasta el punto final, donde nos esperaba una carpa con todas las comodidades necesarias para pasar la noche, hicimos una parada a ver el atardecer en unas  inmensas dunas, sin dudas una postal única que quedará guardada en nuestra retina por siempre.

Al llegar a las carpas nos esperaban con un té caliente, una cama confortable y baños bien equipados.

Como nos habíamos quedado un largo rato contemplando el atardecer y hablando con los guías, nos retrasamos un poco, así que enseguida nos ofrecieron la cena. Esta vez nos tocaría un plato típico, el famoso, y delicioso también, Tajine.

Poco después de la cena nos reunimos a la luz de la Luna, con una pequeña fogata y los guías de otros grupos de turistas, que nos cantaban canciones al ritmo de su percusión. Ese fue otro momento increíble, que terminó con baile y aprendiendo un poco a tocar los instrumentos. 

Al siguiente día nos levantamos muy temprano, recorrimos unos pocos kilómetros hacia la duna más alta para poder ver el amanecer. Seguíamos con la sensación de vivir en un cuento, un lugar tan cerca y tan lejos a la vez de nuestra vida cotidiana. Nos hizo sentir la naturaleza desde tan cerca que no queríamos que ese momento terminara.

Volviendo hacia la ciudad de Merzouga, en un viaje de poco más de una hora en el desierto, llegamos para almorzar nuevamente con la familia, quienes nos invitarían después a una fiesta de cumpleaños. Este viaje por Marruecos nos sorprendía en cada momento que pasaba.

Era hermoso ver cómo las mujeres preparaban sus vestidos para ir a la fiesta, algo que para ellas era un evento importante y poco recurrente. Se festejaba el mismo cumpleaños, pero en dos lugares diferentes dentro de la misma casa, uno para las mujeres y otro para los hombres, en donde la comida abundaba y resaltaba la hospitalidad de las personas.

Si bien mucho no entendíamos de qué hablaban, por las limitaciones propias del idioma, se notaba la buena energía del lugar. Cada tanto encontramos a alguien que algo entendía en inglés. 

Al siguiente día abandonamos Merzouga despidiéndonos de la familia Bereber en la terminal de buses y así continuamos rumbo a Chefchaouen, la ciudad azul. En esta parte del viaje ganamos amigos viajeros que nunca olvidaremos. 

Marruecos
Chefchaouen, Marreucos

Después de un largo camino en la noche, llegamos a Chefchaouen.   

Al amanecer no dudamos en salir a caminar y recorrer cada azulado rincón que tiene la ciudad. Sin dudas es un hermoso pueblo para fotografiar. Los tonos del lugar en combinación con las vestimentas de las personas no tienen desperdicio. pero eso sí… ciertas veces tuvimos que borrar fotos porque las mujeres no querían salir en ellas y te obligaban a borrarlas. 

Estuvimos en esta ciudad solo por dos noches. Es un pueblo que se presta mucho para el descanso, por su tranquilidad y su infraestructura, que te permite caminar por cada rincón del pueblo sin la necesidad de ir con un mapa en la mano, abierta para contemplar cada espacio sin apuros. 

También fuimos a un mirador para ver toda la ciudad desde una perspectiva de altura. Para llegar caminamos por un corredor en la montaña fácil de ubicar, que desemboca en la cima.

Una de las cosas que no dejamos de hacer en esta ciudad es permitirnos ir a comer a los restaurantes para disfrutar de los platos autóctonos. ¡Sin dudas Marruecos tiene una gastronomía excelente!

ÚLTIMO DESTINO: CIUDAD DE FEZ

Llegando al final de nuestro viaje, arribamos en Fez, la tercera ciudad más importante de Marruecos. 

Una vez que dejamos las mochilas en el hostel, quisimos aprovechar el día y nos encaminamos hacia la Medina.  

Al adentrarnos en ella, tomamos dimensión de lo grande que es y lo fácil que puede ser perderse. Por eso aconsejamos siempre estar en grupo o con un guía. O sino hacer como nosotras, que aceptamos que uno de los chicos locales de la Medina nos guíe, a cambio de pagarle una propina al final del recorrido. De ésta manera evitarás perderte y llevarte un buen susto. Y también aprovechas para que te cuente sobre la Medina, su historia y sus costumbres.   

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Ciudad de Fez, Marruecos

 

Entrar allí hace despertar sensaciones de todo tipo, al ver cómo vive la gente, como trabajan, la forma de vida que llevan, sentir los aromas, los sonidos y los sabores que encontrarás en ella fue un nutriente cultural.

En la Medina pudimos ver las Curtidurías de Fez, que es donde procesan el cuero de los diferentes animales. Allí vimos las fosas repletas de tintes naturales con las que tiñen el cuero, eso si… No huelen nada bien. 

Luego de recorrer las callejuelas  por un largo rato, visitando cada rincón y las mezquitas importantes, terminamos nuestro viaje compartiendo una merienda en la casa de un guía local. Conocimos a su familia, su manera de vivir, y nos nutrimos de su cultura aún más.

Es así como nuestro viaje a Marruecos torna a su fin, quedándonos con todos los recuerdos, anécdotas y vivencias  de este país tan alejado de nuestra propia cultura, pero tan abiertos a compartirla con quien desee saber de ella. 

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