República Dominicana, en su sencillez está su grandeza

República Dominicana, en su sencillez está su grandeza

Por Melina Noel Mansilla especial para Revista Latitud

Decir que las playas caribeñas son paradisíacas es un cliché, cualquier descripción típica de postal está demás. Quien arriba a las playas de República Dominicana encontrará todo lo que busca: arenas blancas, aguas de turquesa intenso, palmeras reclinadas pacientemente sobre las costas y demás escenas que repiten hasta el cansancio los folletos turísticos. Nada nuevo bajo el sol del Caribe. O tal vez sí.

La Naturaleza se ha encargado de repartir de manera azarosa sus mejores atributos entre las tierras continentales e insulares abrazadas por el Mar Caribe. 

En esta distribución República Dominicana fue bendecida con más de 500 km de playas exquisitas pertenecientes a las Antillas Mayores. Sin embargo, el encanto de las tierras dominicanas radica tal vez en algo menos tangible que en su innegable belleza paisajística: el encanto especial de las cosas simples.

Republica Dominicana
Paisaje que se repite a lo largo de toda la costa Dominicana

En su sencillez está su grandeza

¿Quién no ha fantaseado con vivir en un sitio de verano perpetuo y dejar en manos de la Naturaleza la satisfacción de nuestras necesidades más primigenias? Y es que República Dominicana invita a volver a la esencia de la vida, donde la satisfacción de los anhelos más elementales está al alcance de la mano.  Todo lo demás desaparece. 

Así lo demuestra el estilo de vida de su gente. Sus pieles morenas lustrosas y sus rasgos preciosos han sido testigos de los avatares de la historia en los tiempos de la conquista. Los tentáculos del colonialismo los trajo siglos atrás sin pedirles permiso en un viaje desaventurado a estas tierras, que hoy ya son suyas por derecho propio. 

Reminiscencias de aquellos tiempos perviven en la producción de cañas de azúcar, cacao, café, tabaco, arroz y otros productos tropicales que sustentan la vida de miles de dominicanos. 

Republica Dominicana
El encanto de las playas Dominicanas

Una vida desprovista de lujos, pero con lo suficiente como para sonreír todos los días, animados por la cordialidad de un humor que hace sentir como en casa a cualquier forastero. Es que las sonrisas límpidas de los dominicanos son un tributo a lo esencial de la vida que ellos celebran con bailes improvisados en cualquier parte, con habilidad y desparpajo al ritmo de bachata y otros ritmos latinos. Un espectáculo digno de admirar.  

República Dominicana es un país que vale la pena conocer en profundidad. Si bien sus costas ostentan playas de ensueño en Punta Cana, Samaná, Puerto Plata, Bayahibe, La Romana, entre otros retazos de paraíso, su ciudad capital merece en verdad una visita. 

Republica Dominicana
Planta de Cacao de amplia producción en en país

Santo Domingo

Fue fundada en 1496, se erige como una de las ciudades más antiguas de todo el Caribe. La Zona Colonial es un recorte de esos capítulos de la historia, conservado hasta nuestros tiempos en edificios robustos de corte medieval, como la fortaleza de Ozama, la Catedral y Basílica de Santa María de la Encarnación y el Alcázar de Colón, palacio que fuera la residencia de Don Diego Colón, el primogénito del célebre navegante genovés. 

Algo peculiar de este recodo del Caribe debió seducir lo suficiente a estos aventureros, acostumbrados a la intrepidez de la vida de altamar, como para afincarse en el suelo sobre el cual hoy se erige orgullosa la ciudad de Santo Domingo. 

Santo Domingo
La pintoresca ciudad capital de la Republica Dominicana

En síntesis, recorrer sin prisa esta porción de la ciudad permite descubrir decenas de testimonios de épocas tan lejanas en el tiempo, pero tan cercanas en lo cultural. De hecho, el encuentro entre el Viejo y el Nuevo Mundo, que tuvo su primera cita en las islas del Caribe, dio lugar a un devenir histórico en común para toda América Latina. 

Algo más… 

Traspasando el dosel de playas, tierra adentro es posible descubrir otras facetas de la vida de los dominicanos, como la producción de sus haciendas y plantaciones, sus trabajos artesanales y sus pequeños poblados de casas sencillas. Actividades como la minería, la explotación forestal y el turismo han diversificado la base económica de una nación que ha dado pasos gigantes hacia el progreso sin perder su esencia, de hospitalidad infinita, cálida como el sol caribeño. 

Para los viajeros de espíritu más hedonista, República Dominicana es el destino ideal. Los grandes resorts all inclusive ofrecen todo lo que la imaginación pueda concebir como vacaciones perfectas. No obstante, quienes deseen, al menos por un par de horas, salir de estos enclaves destinados al relax más extremo, la isla Saona es una excelente alternativa.

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Piscinas Naturales en las costas de la isla de Sanoa

Todos los atributos propios de las playas dominicanas se encuentran aquí expresados en su máxima potencia. Las aguas poco profundas de esta inmensa piscina natural dejan traslucir un fondo de arena color crema, salpicado con estrellas de mar. Las palmeras inclinadas en un intento frustrado de bañar sus hojas en los vaivenes suaves de las olas del mar completan la escena. Todo huele a mar, a sol, a verano.

Si el verano no es la felicidad, en tierras dominicanas se le parece bastante. Al fin y al cabo, un poco de verano hace que todo el año valga la pena.

Comentarios

  1. Siii un poco de Caribe hace bien todo el año!!jeje. Gracias por revivir recuerdos de tan cálido,relajante y placentero viaje! Y muy cierto del trato cordial de los dominicanos.. Bellos recuerdos..la ciudad colonial..las playas…la gente..

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