Salar de Uyuni – El espejo del mundo

Salar de Uyuni – El espejo del mundo

Por Bruno Delmoro especial para Revista Latitud

 No soy muy fanático de las excursiones, algunos seguimos caminos pero nos damos la libertad de acortar, alargar, mutar una ruta para nuestro bienestar o gusto. Pero Uyuni te obliga a no hacerlo; este es un pueblito muy particular, debido a su pequeño tamaño, su amable gente y sus mercados un poco arcaicos pero agradables para recorrer. Sus calles pobladas pero tranquilas no aparentan mucho, pero este pueblo esconde, a mi parecer, una de las maravillas más grandes del mundo, el abismal Salar de Uyuni.

Por el abrumador flujo de extranjeros subyace el problema del precio de sus excursiones; debido a que cada persona que pisa Uyuni siente el deber de conocer esa enorme mamushka de paisajes y diversas paradas.

Las excursiones se dividen en 3 (1,2 y 3 días); todas con sus respectivas comidas y paradas de fotografía.

El primer día consta de dos de las paradas más famosas. La primera, el cementerio de trenes, ubicado a pocos km de Uyuni. Un punto fotográfico enorme donde te ves obligado a sacar tu punto creativo para conseguir fotos y videos que merecen permanecer en tu galería por mucho tiempo (por no decir para siempre). 

Salar de Uyuni

Como segunda parada aparece el Museo del Hotel de Sal junto al monumento del Dakar y la famosa parcela de sal repleta de banderas provenientes de cada rincón del mundo. 

Como última parada del primer día nos encontraremos literalmente en el medio del salar. Por momentos es abrumador pero por otros majestuoso, la misma curiosidad te lleva a intentar divisar un límite, el cual claramente no encontrarás; acá comienza la sesión fotográfica que muchos ven por internet, jugando con las dimensiones y distancias para darle vida a un insignificante Tiranosaurio Rex de plástico, intentar aparecer desde dentro de una botella de agua. Generar nosotros mismos el efecto espejo o que nuestros cuerpos se eclipsen con el sol que se va cándidamente escondiendo en el ocaso.

Salar de Uyuni

En caso de haber contratado una día de excursión regresaremos a Uyuni, caso contrario la misma empresa es quien proveerá un hostal para luego comenzar bien descansados el segundo día. Cabe destacar que alrededor de cada día la empresa te brinda desayuno, almuerzo y cena. En consecuencia, ante la lógica colectiva, la cantidad de días que contratemos será igual a los que no gastaremos dinero, ya que tendremos cubierto comida, transporte y alojamiento.

El segundo día arranca, en apariencia, como cualquier otro, madrugando en la bonita Uyuni, un hostel cálido, repleto de sonrisas y buenos días; el desayuno se hace presente para la recarga de energía y así emprender nuevamente viaje rumbo al salar. Esta vez ingresamos al parque nacional “Laguna Colorada”; preparamos cámaras para captar a los flamencos al vuelo o simplemente estáticos en sobre el agua.

Salar de Uyuni

Estas lagunas tienen una particularidad, constantemente están rodeadas de montañas coloridas, y un desierto que aparenta una magnitud tal como para acompañar codo a codo a este hermoso y majestuoso salar. 

Además de las lagunas, dunas, los flamencos y las exuberantes montañas en este parque yace la particular “Roca Árbol”, una piedra que parece haber sido tallada por los mismísimos pueblos originarios, pero descansando en el medio del desierto, esta Roca se sitúa en compañía de otras formaciones que la rodean y te invitan a escalarlas para obtener una mejor vista de este hermoso panorama.

Si la excursión es de 2 días, aquí comienza el regreso a Uyuni y fin de la excursión. De lo contrario…

En medio de la inmensa noche se deja ver el Hotel de Sal (otro aparte del museo ya visitado anteriormente), ahí pasaremos la fría e irrevocable noche; con pocas luces, pero compañía de sobra. 

Salar de Uyuni

En mi caso particular el segundo día lo compartí con 1 chico y 3 chicas de Corea del Sur y 1 chico de Japón, así que me parece innecesaria la aclaración de cuán nutritiva fueron nuestras charlas. El intercambio de culturas nace casi al instante de subirte a la camioneta, así que el trajín de viajar me dejó 5 nuevas amistades, 2 de ellos fans de el mate.

4 am suena el despertador. Debido a que la primera parada del último día son “Los Geisers del Tatio”, el escandaloso horario para despertar se excusa con que el Géiser necesita ser visto a tempranas horas, para evitar que el viento del mediodía cambie la dirección de los vapores expulsados por ellos. La belleza de esta parada es directamente proporcional al mal olor; aprovechó para explicar que estos “mini volcanes” expulsan gases como metano y azufre, los cuales causan ese curioso olor. Seré más explícito, esa belleza está rodeada de flatulencias. 

Salar de Uyuni

Alegres por la vista y con una mano en la nariz emprendemos camino hacia el Desierto de Dalí, el cual está abrazado por muchísima historia y unas de las tantas causas por las cual me planteo qué tan chiquitos somos.

Una relajante y artística parada técnica en este camino, las termas naturales. La única tarea aquí es relajarse en una pileta natural que acelera el tiempo, así que antes de que lo percibas, llega el grito del guía para seguir camino a la frontera con Chile, Atacama.

 Acá el grupo puede tal vez dividirse en dos. Los que pagan un plus para cruzar hacia el país costero, y los demás que regresan a Uyuni.

Salar de Uyuni

En mi caso particular regrese a Uyuni lleno de nuevos conocimientos y amigos en mi mochila, emocionado y a la vez atónito por la cantidad de paisajes que fueron rodeando mis días. Mi peculiar, y espero que común pensamiento es que vale muchísimo la pena hacer un esfuerzo económico para pagar la excursión. Ya sea de un día o 3, será una nutritiva y relajante experiencia.

La incertidumbre de saber si al seguir mi viaje por Bolivia me encontraría con un paisaje mejor era una constante intermitencia, ¿La respuesta? Les sorprenderá.

Bruno.

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