Túnez y la primavera árabe

Túnez y la primavera árabe

Por Claudia Stavron especial para Revista Latitud

Mi espíritu inquieto hizo que no fuera simple elegir un destino. Ese vértigo que me produce estar en el momento justo en que los pueblos se juegan por un cambio.  

Quería Mediterráneo, pero el africano, junto al impresionante desierto de Sahara. Ese lugar había sido la gran Cartago, la de Aníbal, un enorme general que puso en jaque a Roma. Después cayó derrotado. Y así, esa máquina romana en expansión tomó estas tierras, dejando sus huellas en las ruinas que aún hoy se pueden visitar. Mi gusto por el francés terminó de definir: Túnez había sido colonia francesa. Hablar el idioma me ayudaría a hacer entrevistas y mi alma de historiadora indagaría sobre el devenir de esos días cruciales. Se sumaba mi fuerte anhelo por conocer un pueblo con cultura musulmana.

No niego que me sentía atraída por sus playas. Así que decidí comenzar por ahí.

Las playas tunecinas

Son más de 1200 kilómetros de costa soleada, un verdadero paraíso. 

Entre las mejores playas están Sousse, Monastir, Hammamet y Nabeul. En ellas se practican deportes como el windsurf y la vela, y ofrecen paseos en lancha. Arenas blancas, mar turquesa cristalino y cálido, palmeras…Mucho calor bajo un sol de junio. Encontré una gran variedad hotelera, la mayoría del estilo all inclusive, lujosos, y frente al mar. Aunque también había alojamientos económicos y cumplidores, muy accesibles para el bolsillo del turista gasolero. No es más de lo mismo. Hacia el horizonte todo es azul y blanco, pero hacia el otro lado, construcciones árabes, camellos, vendedores ambulantes, es otro el paisaje…sabés que estás en Túnez. Y aseguro que hay que conocerlo.

 Túnez y la primavera árabe
Túnez y la primavera árabe

Excursiones al desierto

Ya sea desde la capital o desde las mismas playas, se ofrecen excursiones rumbo a las inmensas dunas que marcan el horizonte del desierto más grande del planeta, el Sáhara. En 4 x 4, en camiones, cuatriciclos o en camellos (una costumbre que debería ser erradicada ya que los pobres animales no parecen pasarla bien montando turistas). 

En mi caso, fuimos a visitar tiendas de tribus nómades, compartiendo con ellos costumbres tradicionales que aún conservan vigentes. Nos cocinaron una especie de pan árabe, riquísimo, hecho especialmente para nosotros, en el barro.

Imagen de veronica111886 en Pixabay
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Otras opciones son

Douz

Es la puerta del desierto del Sahara. Desde ahí podés seguir rumbo a Matmata. Inolvidable el paisaje desértico con sus casas-cueva, unas viviendas muy llamativas, construidas en la roca, de manera tal que sus habitantes pueden hacer frente a las duras condiciones climáticas. Allí todo es sequedad y aridez. 

Tozeur

Para conocer el palmeral. ¡Un oasis en mitad del desierto! La excursión recomendada en un tren de madera del 1.900, que conservan de la época en que Túnez era colonia francesa. Recorre las gargantas de los montes que se levantan en el Norte de Tozeur, ofreciendo unas vistas inmejorables, tanto de estas como de los oasis que crecen en mitad del desierto. Algunos vagones tienen el techo transparente para apreciar aún más el paisaje.

Chott El Garsaa

Una depresión salada en cuyas orillas se filmaron varias escenas de la película El paciente inglés. Paisaje de dunas y micas (tipo de mineral) que brillan bajo la luz del desierto a los pies de la colina Ong Jemel.

Para los fans de Star Wars

Ofrecen excursiones pasando por pueblos bereberes en medio del desierto. Un viaje fascinante a los sitios que fueron escenarios de la saga, y aún quedan restos de los decorados originales. Especialmente a Mos Espa, la aldea tunecina construida en mitad del desierto, en la que se conservan los escenarios y decorados originales de las películas y hasta podés quedarte a dormir en los hoteles que fueron escenarios de las mismas.

1Imagen de pmoulie en Pixabay
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Conocer Kairuán

 Es una visita impactante a la cuarta ciudad en importancia de todo el Islam, que incluye su impresionante mezquita. A una hora de allí está el anfiteatro de Djem, el Coliseo romano más grande de África.

Sidi bou Said

Fue mi siguiente destino. Elegí hacer base en este pueblo blanco, típicamente mediterráneo. Muy cerca del mar. Y a su vez, cerca de Cartago, que era mi visita obligada en este país. Con calles laberínticas, blancura total en sus paredes y techitos azules. Repleto de tiendas coloridas luciendo sus artesanías de cerámica y telas muy llamativas. No podría haber elegido mejor lugar para hacer base. Pasear por esas calles, ver sus puestas de sol, y comer en esos bares pintorescos exquisitas comidas típicas.

Imagen de veronica111886 en Pixabay
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Cartago 

Soñaba con conocer las ruinas de la gran ciudad fundada por los fenicios. Ese pueblo que entre otras cosas, creó el alfabeto. A medida que fui llegando, se asomaban los restos. La imagen impresionaba, la mirada se perdía en el mar. Sí, un combo perfecto del dorado de los restos arqueológicos con el intenso azul del agua. Recordé las tres guerras púnicas entre Cartagineses y Romanos, y cómo después de dar batalla, Cartago fue derrotada y pasó a ser provincia romana.

Como casi todo el Mediterráneo, pasaron más imperios, como el bizantino y el poderoso Islam que en tiempos de Mahoma, tomó todo el norte de África. Entre las ruinas recorrí un santuario destinado a los dioses fenicios, las termas de Antonino que ocupaban más de 200 metros de longitud. Allí hay una capilla cristiana de época y estilo bizantino, una columna de unos 15 metros de altura, conocida como la columna Frigidarium, y los sótanos donde trabajaban los esclavos para mantener la actividad de estos baños. También visité lo que quedaba de la ciudad romana, con sus casas vecinales, palacios y villas. También, tras el teatro, se encontraba un Odeón o teatro de canto.  La Acrópolis de Byrsa sobre el monte, conserva las ruinas de la ciudad púnica original, y un anfiteatro romano.

Imagen de ledinaa en Pixabay
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La capital, Túnez

Se encuentra en el nordeste del país. Podés pasear por la parte moderna de la ciudad y por la zona residencial con edificios de estilo colonial. Es su barrio de la Medina, declarado Patrimonio de la Humanidad, su mayor atractivo. Tras la Puerta Bab el Bahar se abre un laberinto de callejuelas con mezquitas con miradores como la de Ezzitouna.

Los vendedores tunecinos son geniales en el arte de vender y los turistas ávidos de compras, víctimas ideales. Expertos en el engaño, te ofrecen lata como plata, plástico como cuero. Hay que saber que la especialidad de los tenderos es el regateo. Para quienes adoran los souvenirs, visitar los zocos repletos de artesanías, caóticos y laberínticos, es un placer para la vista, el olfato y el paladar. En las tiendas cuelgan alfombras, objetos de cuero, de orfebrería, telas y prendas de algodón o seda, joyas, bijouterie, cerámica, especias y dulces. 

Un sitio de interés cultural es el Museo del Bardo. Gracias a las excavaciones arqueológicas en Cartago, Útica, Hadrumetum o Dougga, se ofrece una de las mejores y más grandes colecciones de mosaicos romanos. También hay obras griegas y una colección de cerámica del norte de África y Asia Menor, así como colecciones de arte cristiano y arte islámico.

 

Vivir el clamor popular en plena primavera árabe

 Llegué durante la Revolución tunecina, cuyo móvil principal era terminar con la dictadura, guiados por la sed de libertad y democracia. Era la «primavera árabe», movimiento que se expandió luego por Egipto, Libia, Yemen y Siria. Soñaban con un cambio en la relación entre gobierno y pueblo, con mejor reparto del poder, justicia social, transparencia, y respeto por los derechos humanos. La realidad es que toda la región es aún hoy, un fuego lleno de conflictos, represión, y siempre al borde de la guerra. Haber estado ahí en ese momento me permitió vivir la pasión y el entusiasmo de su gente, después de cientos de años de regímenes autoritarios. Logré hacer varias entrevistas. 

Sentir su sentir, emocionarme con su emoción. 

 Túnez y la primavera árabe
Túnez y la primavera árabe, por Claudia Stavron

Fue una etapa de permanentes manifestaciones en busca de libertad y derechos sociales. El clamor de un pueblo en lucha. 

Todo comenzó en 2010 en Sisi Bou Said, cuando un vendedor ambulante fue despojado por la policía de sus mercancías y cuentas de ahorros y en respuesta, se inmoló en forma de protesta. Durante su agonía miles de tunecinos se rebelaron contra las malas condiciones a las que el país estaba sometido, causando un efecto dominó en el resto de las naciones árabes. Desde 1987, Zine el Abidine Bem Ali ejercía un Gobierno considerado autoritario. Los tunecinos, ante la situación salieron a protestar.

Finalmente, el presidente renunció y se exilió en Arabia Saudí. De ahí en más se inició la transición hacia la democracia. El ejemplo fue imitado en el resto de los países vecinos. El saldo de la primavera árabe en el norte de África sólo se sostuvo en parte por Túnez. Aunque muchos tunecinos se sintieron decepcionados porque aún persisten los abusos policiales y la corrupción. Pero este país sigue siendo la gran referencia democrática en la región.

Ya había dado muestras de ser diferente al resto cuando en la década del “60”, ni bien dejó de ser colonia francesa, aprobó una nueva legislación en la cual se prohibía la poligamia y les daba a las mujeres casi los mismos derechos que a los hombres, incluyendo el derecho a divorciarse y el derecho a la educación. Se incitó a los padres a enviar a sus hijas al colegio. Fue el inicio del feminismo tunecino promovido por el Estado. Un gran mérito de Habib Bourguiba, fundador del Túnez moderno, presidente durante 30 años…que llegó a repudiar el uso del velo islámico, pidiéndole a las mujeres liberarse de él, llamándolo “trapo odioso”.

 Túnez y la primavera árabe
Túnez y la primavera árabe, por Claudia Stavron

Conclusiones

Pude conocer un destino africano, mediterráneo, con huellas fenicias, romanas, turcas, francesas, musulmanas.

Descubrí una tierra llena de contrastes y colores, verdes en los oasis, dorados en el desierto, azul y blanco en sus playas.

Un ejemplo en toda la región. Una sociedad que logró romper con muchos preceptos de su cultura árabe tradicional, autoritaria, machista, otorgándole a la mujer un lugar de equidad con respecto al hombre. Realmente me impresionó verlas manifestando junto a ellos codo a codo.

Fue un viaje enriquecedor, con el toque justo entre placer e investigación. Estar ahí en plena revolución y palpitarla junto al pueblo. 

Aún les falta mucho, pero Túnez alcanzó un lugar de visibilidad en el mundo, dio muestras de ser un verdadero ejemplo. Un pueblo que despertó, se movilizó, y sin rendirse, transitó rumbo a la democracia, pasando a ser una sociedad abierta y moderna.

Encontrá más notas en mi página “Un viaje de ida”    

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