Viaje a Jericoacoará

Viaje a Jericoacoará, Nordeste de Brasil, Enero de 2018

Fotografía y texto de Ezequiel Rivera para Revista Latitud

La llegada

El avión aterrizó en el aeropuerto de Fortaleza de madrugada, donde una 4×4 nos esperaba, reservada previamente desde Buenos Aires. Es que no hay otra forma de llegar a la Villa de Jericoacoará que atravesando las dunas y médanos del extenso Parque Nacional.

300 km separan a la ciudad de Fortaleza de Jericoacoará, así que una vez acomodado el equipaje seguimos viaje. Atravesamos la enorme masa urbana en la noche nordesteña, y algunos cuantos poblados hasta llegar a Jijoca. Esta es la última ciudad antes de que la camioneta se adentre en el parque nacional siguiendo rutas naturales entre las dunas. 

Durante el tramo final de un recorrido aventura que duró un par de horas, la camioneta avanzó por la playa buscando la vera del mar, donde la arena mojada le permitía mejor agarre. 

En la noche, la primera visión que tuve del mar de Jeri fue bajo las luces de la camioneta, que buscaba la arena seca cuando el agua se venía: imágenes que nunca olvidaré.

Comenzaba a amanecer cuando llegamos a Jeri, mientras la villa retoma lentamente el ritmo de su actividad.

La Villa

Con una población de 20.000 habitantes, la Villa de Jericoacoará se caracteriza por la vida de playa al ritmo del turismo, pero basta caminar unas pocas calles adentro para experimentar otro ritmo, más autóctono tal vez, reflejado en el saludo de la gente o en los puestos de comida casera típica.

Aunque la cantidad de gente que recibe Jeri en enero no es poca, el espacio es amplio y se percibe la fuerza de la naturaleza virgen preservada, un poco por la dificultad de acceso y otro poco por la decisión comunitaria de mantener a raya la urbanización voraz.

Jeri es amplio. Me refiero a las grandes dunas, a la playa y al mar, por supuesto, pero también a la turismo que la visita y cómo convive.. 

Viaje a Jericoacoará
Rua principal a la altura de la plaza

Las calles son naturales, de arena, donde quedan grabadas las huellas de los movimientos y los surcos que deja el agua que busca el mar cuando llueve.  

Las que se dirigen en dirección al mar pueden transitarse en vehículos, pero no las calles transversales, que están reservadas exclusivamente para el tránsito peatonal. Algunas de estas calles son muy estrechas, generando pasadizos de trazado orgánico que acentúan la belleza natural del lugar.

Según mi experiencia, en cualquier momento del día o la noche se puede caminar tranquilamente por las calles del lugar, aún en las zonas más alejadas.

Año Nuevo, Luna llena

Una muy buena decisión tomada al azar, o al menos sin prever conscientemente lo mágico que me sería, fue recibir el Año Nuevo en Brasil, en la playa de Jeri. Sin habérmelo propuesto especialmente estaba allá el último día del año, en un momento en que todo se cuadraba para celebrar.

Como dije, Jeri es una aldea pequeña de ritmo caribeño, pero durante la noche de año nuevo la playa principal se transformó en un campo de la Creamfields sembrado de gente vestida de blanco, iluminada por la luna llena y algunos fuegos artificiales majestuosos, propios de la gran ciudad.

Un enorme escenario se elevaba a lo lejos y sobre él, uno tras otro fueron desfilando diferentes músicos electrónicos que nos ponían a bailar. No me confieso amante de la música electrónica, ni siquiera había escuchado antes electrónica brasileña, pero aquello, tal vez por el contexto, resultaba una experiencia hipnótica. El mar iluminado por la intensa luna llena se escuchaba a lo lejos pero resultaba imposible distinguir dónde comenzaba sin acercarse hasta él. Las nubes blancas pasaban atravesando el cielo al ritmo de un viento marino templado, como sincronizadas con la gente vestida de blanco que recorría la playa.

La playa y el mar

La playa del centro de Jeri es una explanada verdaderamente extensa y el mar, bien puede llegar hasta las calles del pueblo como estar retraído unos 100 mts o más, según las mareas, pero siempre lo vi relativamente manso y tranquilo. Una de las cosas que más me impresionó de Jeri fue el mar.

Durante las 2 semanas que estuve por allá pude ver condiciones climáticas variables: atardeceres esplendorosos, todos los días, la luna llena iluminando la playa, cielos marinos amenazantes, algún aguacero tropical intenso y pasajero, pero el mar, como una potencia amigable, siempre tocaba la costa con cuidado. 

Al contrario de lo que ocurre en muchas playas del sur y centro de Brasil, en donde los morros llegan a la costa y el mar se hace profundo rápidamente, aquí la playa se prolonga en un llano que continúa, de manera que es posible adentrarse bastantes metros mar adentro y seguir de pie.

Viaje a Jericoacoará
Botes en la playa de Jericoacoará

Los desplazamientos del mar, sincronizados por las mareas, hacen que en la extensión de la playa se produzcan espejos de agua en donde la inmensidad del espacio se duplica, y al caer la tarde, caminar por las aguas se transforma en un espectáculo corriente.

Si recorremos la línea de la costa en un mapa, veremos que Jeri está orientada hacia el norte, una dirección poco frecuente en la costa brasileña. También está de cara al mar abierto, mirando hacia el profundo Atlántico Norte. 

Esta disposición es frecuente en otras muchas ciudades costeras de Brasil, como la Isla de Itaparica, por ejemplo, que mira hacia el norte en la Bahía de Todos los Santos en Salvador, pero en este caso no estamos frente al mar abierto. Algo similar ocurre en el Morro de São Paulo.

Como fotógrafo, me preguntaba yo si estas condiciones sumadas a la proximidad del Ecuador, serían las responsables de la iluminación espectacular que siempre caía sobre la Villa.

Duna do Por do Sol

Uno de los rituales característicos en Jeri consiste en trepar a la Duna de Por de Sol para ver el atardecer, cuando el astro se sumerge en horizonte tiñéndolo todo mientras la gente aplaude, un espectáculo conmovedor que se repite cada día.

Esta duna enorme se eleva junto al mar a algunos cuantos metros del centro de la villa, hacia el norte, y hay que atravesar la extensa playa principal para comenzar a subirla.

Detrás de la Duna do Por do Sol se forma naturalmente una laguna de agua de mar, que suele ser la elegida por los kiters para surfear, también es zona de cuatriciclos y Buggys, sin dudas el transporte más adecuado para esta región.

Viaje a Jericoacoará
Duna do por do Sol al atardecer

Sin dudas esta duna es la que le confiere a Jeri su imagen icónica, pero existen innumerables dunas similares en esta geografía, que en muchos casos contribuyen a formar lagunas naturales de agua dulce donde el azul profundo del cielo ecuatorial se refleja.

Algunas de estas hermosas lagunas de agua dulce forman parte de los atractivos turísticos de Jeri, pero debido a la distancia a la que se encuentran se las puede visitar solo en transporte.

La Lagoa Azul o la Lagoa del Paraíso, cuentan con servicios gastronómicos y espacios recreativos que ofrecen los servicios básicos para pasar el día, opciones que pueden resultar interesantes cuando priorizamos el descanso.

Pedra Furada

Otro paseo recomendable para hacer en Jeri es la visita a la Pedra Furada, una gran piedra horadada por el mar que se eleva en la costa, semi sumergida, a algunos kilómetros del pueblo en dirección al sur.

En esta zona del nordeste brasilero, los morros muestran características similares a los cerros andinos de la Quebrada de Humahuaca, donde el clima árido promueve la vegetación espinosa, y arenosa en este caso, y las rocas presentan colores tan hermosos que uno las va juntando al caminar.

Pedra Furada
Pedra Furada

Hay 2 maneras de llegar por tierra hasta la Pedra Furada: El camino convencional elevado de la costa, de arena, pero trazado sobre un morro. El otro es el camino para aventureros, donde se sigue la costa del mar y resulta necesario ir sorteando accidentes marinos naturales. Definitivamente recomiendo la segunda opción, pero todo depende de nuestras preferencias y, sobre todo, de nuestro estado físico.

Si optamos por la segunda opción, resultará indispensable tener en cuenta algunas cuestiones muy importantes para planear el paseo. En primer lugar y por sobre todas las cosas el flujo de la marea, ya que una vez que emprendamos esta ruta no podremos escalar los acantilados. Mejor no imaginar la situación de que una crecida del mar nos tome por sorpresa.

Esta caminata puede durar un par de horas y una vez en el camino solo tendremos la opción de avanzar o volver por él. 

Existe información oficial sobre el movimiento de las mareas que podemos consultar previamente.

Las otras cosas sumamente importantes a la hora de emprender cualquier travesías de a pié por estas latitudes es el suministro de agua fresca y la adecuada protección para el sol, que sobre todo en las horas próximas al mediodía cae implacable.

Cerrote

El camino llano que lleva a la Pedra Furada comienza en el Cerrote: un morro de piedra y arena que se eleva al sudeste del pueblo. Este lugar está muy poco concurrido al atardecer, cuando los paseos terminaron. Lo recomiendo especialmente a quienes gusten tener una vista panorámica hermosa no convencional de la costa y sus actividades. Para quienes se animen al madrugón extremo, también se puede contemplar la salida del sol, el momento especial en el que la toda Villa comienza a iluminarse.

Anochecer en el cerrote
Anochecer en el cerrote

La despedida

En principio, para un espíritu aventurero e inquieto, la idea de pasar 15 días de playa en una pequeña villa de mar alejada de todo puede sugerir el fantasma del aburrimiento, y aunque este es un terreno bien subjetivo, casi puedo asegurar que no será el caso de Jericoacoará, un verdadero paraíso natural al que cuesta llegar, pero menos de lo que cuesta partir.

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