La virgen del cerro: Una experiencia de Fe

Turismo religioso

La virgen del cerro: Una experiencia de Fe

Por Agostina Garnica especial para Revista Latitud

Corrían las 7 am de un día nublado en Salta Capital, ya había desayunado y estaba lista para empezar un día lleno de sentimientos y emociones. 

Tome un taxi sobre la calle Buenos Aires y le indique al chofer que me acerque al santuario de la Virgen, una forma más corta de decir su nombre original que es: Santuario de la inmaculada madre del divino corazón eucarístico de Jesús. 

Nos llevó diez minutos llegar a los pies del cerro, en el barrio Tres Cerritos, ubicado en el norte de la ciudad. 

Se puede subir de tres maneras diferentes: a pie, en colectivo o en camionetas particulares. Cabe destacar que el ascenso es gratuito de las tres maneras.

Virgen del Cerro

Subí en colectivo y en un abrir y cerrar de ojos ya estaba arriba. No puedo describir con palabras lo que sentí cuando puse los pies sobre la tierra. Intentaré contarles con las palabras más simples para que imaginen el ambiente. Te sentís en una burbuja de paz, armonía, amor y por sobre todo silencio. De esto último quiero contarles más adelante. 

Las personas llegan de todos lados: de pueblos cercanos, de provincias lejanas y hasta de países aledaños. Y es que para la fe no existen fronteras. Había más de 3.500 esa vez,  que es un número que cuesta creer. ¿Y saben por qué? Porque a pesar de la cantidad de gente que hay (que no te das cuenta porque el lugar es lo suficientemente grande) el silencio es abismal. Se escucha el silencio, se siente.

Hay un sendero delimitado por palos de madera donde la gente hace fila para poder ingresar a la capilla, ahí está la imagen de la Virgen del Cerro. Es pequeña, hermosa y brillante. Déjenme contarles algunas cosas increíbles que sentí y que vi: Vi cómo absolutamente todas las personas se emocionaban, tanto las que estaban en la fila como las que llegaban a la capilla, y muchas no sabían el porqué. 

Virgen del Cerro

Vi los miles y miles de rosarios de todos los tamaños y colores colgando de los árboles que la gente va dejando como ofrenda.  

Sentí el aroma a rosas que inunda todo el cerro y que viene y va como una ráfaga.  Me llamó mucho la atención porque no vi plantas de rosas. 

Después de entrar a la capilla y contemplar la imagen de la virgen, salí dejando paso a otras personas y me senté esperar que se hicieran las 12, horas cuando se da comienzo al Rosario.

Luego de eso toma protagonismo María Livia. Para los que no la conocen, ella es una vidente que recibió varios mensajes de la virgen María y quien le encomendó la creación del santuario. 

Todos nos pusimos en fila. Ella pasa frente a cada uno, acerca su mano junto a un rosario al hombro de cada persona. Hay quienes inmediatamente después se desvanecen, “caen en el descanso” como ciertos fieles lo llaman. Otros lloran, otros quedan como “dormidos”, algunos ríen, otros se marean. Al restablecerse, confiesan haber sentido la presencia de la Santísima Virgen María. 

Detrás de cada turista se pone un colaborador por si la persona cae. Hay gente que va con pedidos especiales, mujeres embarazadas, personas con alguna enfermedad, ancianos, bebés, niños.

Virgen del Cerro

Es que esto es de creer o reventar, porque les cuento que apenas María Livia tocó mi hombro, automáticamente me desvanecí y me vi en el piso, en un mar de lágrimas y sin saber porque. Lo que sí sé es que después sentís paz y liberación.  

Volvería mil veces más, porque esa paz y armonía jamás la volví a sentir. Me sentía en el limbo, y eso no me paso solo a mí, todos los que estaban ahí sintieron lo mismo. 

Con esos sentimientos, me puse a contemplar desde un mirador natural la vista panorámica de la ciudad de Salta, que nunca deja de sorprender. Si tienen la oportunidad de ir a Salta, les recomiendo visitar este cerro. 

Confiá y entregate. Sé resiliente. Tengas la religión que tengas, sabé que la fe y el amor existen y no hay nada más lindo que eso.

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